7 testimonios no cristianos que hablan de la existencia de Jesús

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  • 31 octubre, 2017

Cada vez que publicamos una noticia o artículo —a menudo de índole arqueológico o histórico— referente a Jesús, muchos comentaristas en las redes sociales remarcan el hecho del sincronismo con otras creencias más antiguas y niegan los datos expuestos en base a una supuesta no existencia del nazareno. Sin embargo, como queda demostrado en el siguiente compendio, ningún historiador serio pone en duda la existencia de Jesús.

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«La muerte en la cruz es el hecho histórico mejor atestiguado de la biografía de Jesús», señala Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca.

Jesús no fue considerado como significativo por los historiadores de su tiempo. Si aparece en la literatura pagana y judía de la época fue por el empuje de los cristianos que le siguieron. «Ninguno de los historiadores no cristianos se propuso escribir una historia de los comienzos del cristianismo, y por esta razón sólo mencionan los acontecimientos que tenían alguna relevancia para la historia que estaban contando. Sin embargo, el valor de estos datos puntuales es muy grande», explica Guijarro en «El relato pre-marcano de la Pasión y la historia del cristianismo».

Por su parte, el historiador norteamericano John P. Meier relata en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico» cómo «cuando en conversaciones con gente de la prensa y el libro (…) ésta fue casi invariablemente la primera pregunta: “Pero ¿puede usted probar que existió?” Si me es posible reformular una interrogación tan amplia en una más concreta como “¿Hay pruebas extrabíblicas en el siglo I d.C. de la existencia de Jesús?” Entonces creo que, gracias a Josefa (Flavio Josefo), la respuesta es sí».

El historiador judío romanizado (37 a 110 d.C.) recoge en el texto conocido como «Testimonium flavianum» de su libro «Antigüedades judías (91-94)» una referencia a Jesús que si bien se cree que fue retocada con las frases abajo entre paréntesis, se considera auténtico:

Flavio Josefo (93 d.C.)

Supuesto retrato romano de Flavio Josefo.

«En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. (Él era el Mesías) Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él) Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido».

En Ant. 20.9.1. también hace referencia a «Jesús, que es llamado Mesías» al dar cuenta de la condena a Santiago a ser apedreado.

Tácito (116 d.C.)Efigie figurada de Tácito.

El historiador romano (56 a 118 d.C) menciona a «Cristo» en sus «Anales» escritos hacia el año 116 d.C. al hablar sobre Nerón y el incendio de Roma en el año 64. Informa de la sospecha que existía de que el propio emperador había ordenado el fuego y recoge cómo «para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba “crestianos”, [un grupo] odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo».

Los historiadores consideran a Flavio Josefo y Tácito como los testimonios primitivos independientes relativos al mismo Jesús más consistentes, aunque también hay otras fuentes que recogen datos sobre los primeros cristianos

Plinio, el joven (112 d.C.)Estatua de Plinio el Joven. Tomaso y Jacobo Rodari. Santa María la Mayor.

Procónsul en Bitinia del 111 al 113 y sobrino de Plinio el Viejo. Se conservan 10 libros de cartas que escribió. En la carta 96 del libro 10 escribe al emperador Trajano para preguntarle qué debía hacer con los cristianos, a los que condenaba si eran denunciados. En ella cita tres veces a Cristo y señala que los cristianos decían que toda su culpa consistía en reunirse un día antes del alba y cantar un himno a Cristo «como a un dios»:

«Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios. Carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem. Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen».Trajano contestó a Plinio diciéndole que no buscara a los cristianos, pero que, cuando se les acusara, debían ser castigados a menos que se retractaran.



Suetonio (120 d.C.)

Ilustración proveniente de 'Las Crónicas de Núremberg'.

Ilustración proveniente de ‘Las Crónicas de Núremberg’.

El historiador romano (70-140 d.C.) hace una referencia en su libro «Sobre la vida de los Césares» donde narra las vidas de los doce primeros emperadores romanos. En el libro V se refiere a un tal «Chrestus» al mencionar la expulsión de los judíos de Roma ordenada por el emperador Claudio: «Expulsó de Roma a los judíos que andaban siempre organizando tumultos por instigación de un tal Chrestus».

La mayoría de los historiadores coinciden en que Chrestus es Cristo porque era frecuente que los paganos confundieran Christus y Chrestus y no existe ningún testimonio sobre ningún Chrestus agitador desconocido.

En los Hechos de los Apóstoles se recoge este acontecimiento: «[Áquila y Priscila] acababan de llegar [a Corinto] desde Italia por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma».

Luciano (165 d.C.)

William Faithorne (1616 - 1691): Luciano imaginado.

William Faithorne (1616 – 1691): Luciano imaginado.


El escritor griego Luciano de Samósata satiriza a los cristianos en su obra «La muerte de Peregrino»: «Consideraron a Peregrino un dios, un legislador y le escogieron como patrón…, sólo inferior al hombre de Palestina que fue crucificado por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres (…) Su primer legislador les convenció de que eran inmortales y que serían todos hermanos si negaban los dioses griegos y daban culto a aquel sofista crucificado, viviendo según sus leyes»

Mara Bar Serapión (Finales del siglo I)

Existe una carta de Mara Ben Serapión en sirio a su hijo en la que se refiere así a Jesús, aunque no lo menciona por su nombre:

«¿Qué provecho obtuvieron los atenienses al dar muerte a Sócrates, delito que hubieron de pagar con carestías y pestes? ¿O los habitantes de Samos al quemar a Pitágoras, si su país quedó pronto anegado en arena? ¿O los hebreos al eliminar a su sabio rey, si al poco se vieron despojados de su reino? Un dios de justicia vengó a aquellos tres sabios. Los atenienses murieron de hambre; a los de Samos se los tragó el mar; los hebreos fueron muertos o expulsados de su tierra para vivir dispersos por doquier. Sócrates no murió gracias a Platón; tampoco Pitágoras a causa de la estatua de Era; ni el rey sabio gracias a las nuevas leyes por él promulgadas».

Celso (175 d.C.)

En «Doctrina verdadera» (o «Discurso verdadero contra los cristianos») ataca a los cristianos. Aunque no se conserva su libro, sí muchas de sus citas por la refutación que escribió Orígenes unos 70 años después.

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En ella se burla de Jesucristo, diciendo que habría sido hijo de una judía amancebada con un soldado romano de nombre Pantero, que habría practicado la magia que aprendió en Egipto y que por eso se ganó unos cuantos discípulos de entre la plebe más miserable y digna de compasión. Sin embargo, para Celso el argumento más fuerte en contra de Cristo es su humillante muerte en la cruz, absolutamente indigna de una divinidad. Compara luego los relatos de la resurrección con los que circulaban de otros personajes de la cultura griega:

«Las viejas leyendas que narran el nacimiento divino de Perseo, de Anfión, de Eaco, de Minos, hoy ya nadie cree en ellas. Por lo menos dejan a salvo cierta verosimilitud, pues se atribuyen a esos personajes acciones verdaderamente grandes, admirables y útiles a los hombres. Pero tú ¿qué hiciste o dijiste hasta tal punto maravilloso? En el Templo la insistencia de los judíos no pudo arrancarte una sola señal que pudiera manifestar que eras verdaderamente el Hijo de Dios». (Celso, «Discurso verdadero contra los cristianos», pág. 29, según la edición de Alianza Editorial).

Su prosa, si bien incendiaria, busca activar los mecanismos de la razón en una parte del movimiento cristiano que él consideraba capaz de entender su mensaje, a pesar de que consideraba a la mayoría de los fieles de la nueva religión como gente inculta.

Si te ha gustado esta publicación y eres amante del misterio, la historia y sobre todo de la verdad, te invitamos a que leas nuestro mayor trabajo en los más de seis años de estudio e investigación en el cual exponemos con las cartas sobre la mesa las descaradas manipulaciones a las que han sido expuestas las enseñanzas y la vida de Jesús por el Catolicismo, como las religiones se plagian unas a otras e incluso veremos que la idea de Jesús como mesías tiene extremas similitudes con otros supuestos mesías de otras épocas y civilizaciones. ¿Quieres conocer aquello que no aparece en los libros y que han mantenido oculto hasta ahora? Pues no puedes dejar de leer:

“LOS SECRETOS DE JESÚS Y EL CATOLICISMO” EN ESTE ENLACE

 

Este artículo es propiedad de: http://mysteryplanet.com.ar

2 Comments

  • Toni dice:

    Flavio Efeso,,, el estandarte delos creyentes,,,,pero esos creyentes no se han dignado a investigar en que año nació el tal Flavio, si lo hicieran verían que él solo cuenta lo que le han contado, no lo que ha visto pues nunca fué contemporáneo de ese mito llamado jesucristo, todos los comentarios a ese mito siempre son decenas y centenas despues de su hipotética muerte, o sea, nada creible.

  • Existen innumerables versiones acerca de la vida y obras de personajes en la historia, no sólo como figuras literarias, sino como figuras públicas reales, que como Jesús, aparecieron primero de manera literaria como protagonistas estelares fabulosos en las profecías, y posteriormente como protagonistas estelares de eventos históricos reales. Por eso las mismas Escrituras lo sugieren : “Y el Verbo se hizo carne, lleno de gracia y de verdad”, “…y habitó entre nosotros según las Escrituras”, “… para que se cumplieran las profecías.”, “, como dijo el profeta.” , “…como estaba escrito en los libros de los profetas”… etc. De manera que, desde que se trate de una profecía, es posible que los papeles o roles de una obra literaria lleguen a ser protagonizados por actores estelares de manera perfecta. Cuando una obra literaria no tiene el carácter profético de un Libro de la Historia Sagrada, y sucede que en el tiempo, el argumento se hace realidad, es posible que las posteridades decidan agregar ese Libro a su compilación bíblica. Por ejemplo, “El profeta Jonás”, originalmente no era más que una fábula, una narración ficticia que podía ser dedicada en alusión a la vida y obras de algún personaje real. Y como la palabra “jonás” alude a un hijo desobediente y contumaz, (Mt 21, 28-32), llegó el momento en que, al profeta Oseas le pareció ideal, dedicar esa Obra al rey Jeroboam II hijo de Joás, a quien le regaló un ejemplar del texto. El rey Jeroboam II, amonestado por el profeta Oseas, decidió aceptar ese reto, de encarnar el papel de “Jonás”, y arrepentido por su antecedente y pésima hoja de vida, se dispuso salvar a Israel de la crisis socio-económica en la que se halló sometido por el imperio romano. – 2Reyes 14, 23-29.

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