IMPACTANTE la basura espacial y los peligros que conlleva.

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  • 14 noviembre, 2018

Antes de la información, aprovechamos la ocasión para presentaros nuestro libro, el cual nos ha costado mucho tiempo de recopilación, trabajo e investigación, donde creemos que una vez termine de leer será usted consciente de la manipulación a la que ha sido expuesto el “Nuevo Testamento” por la religión Católica, y cómo ha eliminado y modificado radicalmente partes de este pues rompe con sus dogmas que nada tienen que ver con las verdaderas enseñanzas de Jesús.

¿Nació Jesús el 25 de diciembre?¿Fue Nazaret el lugar donde lo hizo?¿Era José su Padre realmente?¿Pudo ser su origen de otro mundo?¿Era un hombre normal y para nada divino?¿Tenía hermanos, mujer e hijos?¿Donde está sus descendencia?¿Lo apodaron el “niño asesino” cuando era pequeño?¿Es la religión católica una invención del emperador Constantino?¿Es Jesús una invención para manipular al pueblo?

El equipo de “Un Surco En La Sombra” responde a estas y muchas más incógnitas en un largo estudio que recopila teorías realmente diferentes a todo lo que se ha dicho públicamente de la vida de Jesús a lo largo de la historia. Nos sentimos orgullosos del trabajo realizado y poder dar la oportunidad de ver la otra cara de la moneda.

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La caída de los restos de la sonda rusa Fobos-Grunt, en enero de este año puso en estado de alerta a Argentina. La tripulación de la Estación Espacial Internacional tuvo que ser evacuada ante el riesgo de colisión con los restos a la deriva del satélite Cosmos 2251. Los desechos orbitales representan una amenaza para los cerca de 1.000 satélites operativos –comerciales, militares y civiles- que orbitan la Tierra, según un informe elaborado por científicos del Consejo Nacional de Investigación de EE.UU. La Agencia Espacial Europea (ESA) cuenta con un telescopio de observación en Canarias donde se lleva a cabo el seguimiento de esta chatarra espacial.

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Se considera basura espacial a todos aquellos restos que se encuentran orbitando la Tierra resultantes de la actividad del ser humano en el espacio. En 2010, el número de restos estaba catalogado en 15.500. La mayoría – como explica la astrofísica canaria Julia de León, vinculada al Instituto Andaluz de Astrofísica-CSIC, ubicado en Granada – son restos de satélites que han finalizado su “vida útil”, además, de, distintas fases de los lanzamientos de naves espaciales (típicamente tanques que contienen el combustible para las distintas fases de propulsión de las naves), y también muchos fragmentos que se generan por explosiones (por ejemplo para activar una de estas fases de lanzamiento). También hay tornillos, chapas, cubiertas, etc., e incluso, como anécdota, un guante que perdió un astronauta en un paseo espacial”.

Esta doctorada en Astrofísica estuvo ocho años destinada en el telescopio 1m OGS (Optical Ground Station) de la Agencia Espacial Europea (ESA) ubicado en el Observatorio de El Teide (Tenerife) dedicado, la mayor parte del tiempo, a la detección y catalogación de basura espacial. El seguimiento de la basura espacial se realiza desde telescopios terrestres. “Se realizan observaciones rutinarias todos los meses, apuntando a las diferentes órbitas en las que se encuentran los residuos y haciendo barridos o “scans”- explica la astrofísica- cada noche se detectan nuevos objetos, que deben ser contrastados con las bases de datos de satélites operativos, para descartar que se trate de uno de ellos. Si no es el caso, se realiza un seguimiento a posteriori de los objetos nuevos detectados, para definir bien su órbita y proceder a su catalogación”.

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 Existen diferentes órbitas en las que se localiza la basura espacial. La órbita geoestacionaria, por ejemplo, se utiliza mucho para posicionar satélites, dado que es muy estable. “Esta órbita, que se encuentra a unos 36.000 km de altura- explica la experta- es la más problemática, dado que los objetos que se encuentran a esta distancia no escapan a la gravedad de la Tierra, pero tampoco son atraídos con suficiente fuerza como para terminar desintegrándose. Es decir, que pueden permanecer ahí durante miles de años. Y en la actualidad no contamos con ningún mecanismo, aparte de la propia atmósfera terrestre, para eliminar estos residuos”.

Nuestra atmósfera es un protector muy efectivo. Una vez que un satélite se queda sin combustible, la gravedad de la Tierra lo va atrayendo poco a poco, hasta que hace su entrada a través de la atmósfera. El rozamiento con los gases que la componen y la velocidad de caída hacen que el objeto se caliente y finalmente se fragmente. Si es suficientemente pequeño, se desintegrará por completo”.

Basura caída del cielo

El problema está en aquellos que no son tan pequeños y que acaban cayendo al mar o en algún rincón deshabitado, o no, del planeta. “A pesar de lo que pueda parecer por los últimos acontecimientos, en la actualidad la basura espacial no supone un peligro real para los seres humanos. Es más un problema a nivel práctico y técnico, dado que es necesario conocer las zonas de mayor acumulación de residuos a la hora de posicionar un nuevo satélite en el espacio, a fin de evitar riesgos de colisión. Aun así, en los más de 50 años de actividad del hombre en el espacio, solo se han registrado 10 colisiones”, indica la científica.

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La mayor concentración de objetos se encuentra a distancias de entre 800 y 1000 km. A esas alturas la acción de la gravedad y de las capas altas de la atmósfera es capaz de limpiar la basura espacial, aunque muy lentamente. Es la eliminación de estos restos el principal objetivo de las agencias espaciales internacionales. Como explica Julia de León, “el problema es que no existe la tecnología para destruir la basura espacial. Son miles de fragmentos, dispersos alrededor de la Tierra. Estamos hablando de miles de kilómetros. No tenemos en la actualidad ningún mecanismo de eliminación que sea efectivo. Solo contamos con la acción de la atmósfera terrestre, y con la prevención, para no generar más residuos”.

Un espacio saturado de chatarra

 Los expertos alertan de la grave situación a la que se puede llegar si el ritmo de generación de residuos continúa como hasta la fecha. Los objetos serán cada vez más numerosos, aumentando la probabilidad de colisión entre ellos, especialmente en las órbitas más bajas, donde la densidad es mayor. Las colisiones generarían más fragmentos que aumentarían la población de basura espacial, y por consiguiente, la probabilidad de colisión. Y eso iría aumentando el número de fragmentos de manera progresiva, y cada vez más pequeños. Esta especie de efecto cascada o dominó es lo que se conoce como Síndrome de Kessler. Si eso ocurriera, podría llegar a inhabilitar por completo el uso de determinadas órbitas para la actividad espacial. Para la astrofísica canaria, “afortunadamente, existe una incipiente “legislación espacial” por la que las agencias regulan la actividad en el espacio, de manera que no se generen más.”

 Las agencias espaciales ya se han puesto a trabajar para acabar tal acumulación de residuos que aumenta a un ritmo del 5% cada año. Una red para capturar los restos de sondas y satélites que van flotando por el espacio es la propuesta en la que están trabajando la Agencia Espacial Japonesa. También en España se investiga en este sentido, así lo confirma el proyecto denominado Eliminación de Basura Espacial con Chorros de Iones, elaborado por  investigadores de la Universidad Politénica de Madrid financiado por la Agencia Espacial Europea (ESA).

La Tierra se nos está quedando pequeña ante la acumulación de residuos de todas clases. Cabría preguntarse, entonces, ¿qué pasará con el espacio? Es infinito, pero nuestra capacidad para generar deshechos parece que también.

Los riesgos de la basura espacial

Cada día llegan a la Tierra varios fragmentos de chatarra espacial, es decir, restos de cohetes o satélites que han quedado en desuso vagando por el cosmos y que sobreviven a su reentrada en la atmósfera. La gran mayoría de estos objetos cae en el océano o en zonas despobladas de la Tierra, por lo que estos impactos suelen pasar desapercibidos. Sin embargo, de vez en cuando se encuentra alguno de estos fragmentos. Y en los municipios murcianos de Mula y Calasparra han hallado tres objetos idénticos de basura espacial en apenas 12 días.

A estos tres restos hay que añadir otros dos posibles fragmentos de basura espacial, distintos a los encontrados en Murcia, que fueron hallados el 13 de noviembre: En Pozorrubio de Santiago (Cuenca) se encontró un objeto de unos 20 kilogramos mientras que en Elda (Alicante) se toparon con una pieza metálica de cuatro metros de longitud parcialmente calcinada.

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EL IMPACTO DE CINCO OBJETOS EN DOCE DÍAS

Los expertos que están analizando las tres esferas metálicas encontradas en Murcia creen que se trata de depósitos auxiliares de combustible procedentes de algún cohete o satélite, según explica Juan Antonio Madrid Mendoza, director delCentro de Referencia Nacional de Formación Profesional de Cartagena (CRNFP), donde han sido trasladados los tres artefactos para su análisis. Sin embargo, no pueden precisar a qué tipo de vehículo pertenecía o qué agencia lo lanzó: «Se trata de esferas metálicas recubiertas con fibra de carbono y todas ellas cayeron el mismo día, aunque fueron encontradas en días diferentes. En algunas piezas hay códigos numéricos. Probablemente si se le quitara la cobertura de fibra de carbono podríamos ver algún logotipo, pero hemos preferido no alterar las esferas y dejarlas como las hemos encontrado», relata Madrid.

Las tres esferas metálicas reentraron a la atmósfera terrestre el pasado 4 de noviembre. Varios vecinos de Calasparra fueron testigos de la caída de estos objetos, según asegura José Vélez Fernández, el alcalde de este municipio de 10.500 habitantes. «Tenemos testimonios de cuatro testigos que aseguran que vieron caer entre cinco y seis artefactos a primera hora de la mañana del 4 de noviembre. Dijeron que habían visto una especie de bolas de fuego. Eran como un racimo de uvas que se iban desprendiendo», describe el regidor. Por ello, no descarta que en los próximos días recojan más chatarra cósmica en los alrededores.

La primera esfera, de unos 65 cm. de diámetro y unos 20 kilos de peso, se encontró el 4 de noviembre, el mismo día que los testigos aseguran haber observado la caída de objetos. Según detalla José Vélez, la bola estaba en el linde entre los municipios de Mula y Calasparra, en una zona denominada Cagitán. El segundo artefacto fue hallado el 8 de noviembre en el término municipal de Calasparra, en un paraje llamado Villavieja, a unos 12 kilómetros de distancia del primero. Y el pasado domingo, el perro de unos cazadores se topó con una tercera esfera, idéntica a las otras dos, en la Sierra del Molino, en un paraje conocido por los vecinos como La Loma Negra: «Un perro la encontró y comenzó a ladrar. Se acercaron a donde estaba, en una zona de monte en la que no es fácil verla. Fue una casualidad encontrarla. Las dos primeras eran más fácilmente visibles», relata.

¿Y cómo han vivido los vecinos de Calasparra el hallazgo de estos fragmentos de chatarra espacial? «Al principio hubo un poco de incertidumbre porque no sabíamos qué podían ser. Hubo un poco de preocupación. Pero una vez que se supo que se trataba de depósitos auxiliares de combustible de algún cohete o satélite y no había problemas de radiación, ni riesgo para las personas o el medio ambiente, se recuperó la tranquilidad y el hallazgo dio paso incluso a las bromas», rememora Vélez.

El alcalde va a solicitar durante su reunión con el delegado del Gobierno en la región de Murcia, que una vez sean estudiadas, las esferas sean entregadas al Ayuntamiento para que puedan exponerlas en el municipio. «Nos gustaría poder exhibirlas, tanto para nuestros vecinos como para las personas que vengan a visitar y a disfrutar de nuestro pueblo», señala el alcalde de Calasparra.

«Cuando la Guardia Civil tuvo noticia de la caída de estos objetos, pusieron en marcha los protocolos de seguridad y nos solicitaron ayuda porque en el CRNFP tenemos equipamiento sofisticado para protección radiológica», señala el director de este organismo, Juan Antonio Madrid. Uno de sus especialistas se desplazó a la zona «para comprobar que las esferas no eran radiactivas, pues existe el riesgo debido a que algunos satélites antiguos usaban uranio y plutonio, o bien porque han estado en el espacio exterior y pueden tener restos de radiactividad».

Cuando se comprobó que no eran peligrosas, se trasladaron al centro que dirige, donde imparten a desempleados cursos del servicio de empleo y formación. «Hemos hecho inspecciones visuales e internas con endoscopio. Podríamos haber usado líquidos penetrantes, pero no lo hicimos porque debido a que se armó mucho revuelo con la caída de estas esferas, empezó a haber mucho interés en ellas y decidimos conservarlas intactas y no manipularlas», señala.

Miguel Belló, director de la empresa aeroespacial Elecnor Deimos, recuerda que hace unos años cayó un objeto parecido a estas esferas en Australia. El ingeniero se muestra cauto sobre el origen de los objetos de Cuenca y Alicante, pues no los ha analizado. No obstante, señala que «podría tratarse de cualquier cosa» y subraya que no todos los restos metálicos que se encuentran son basura espacial. «El eco que ha tenido la caída de las esferas en Murcia puede generar un efecto llamada», dice.

Según Belló, los fragmentos de chatarra espacial son un quebradero de cabeza para los operadores de satélites y agencias espaciales, pues pueden chocar con los artefactos que están en funcionamiento:«Maniobramos con cierta frecuencia para corregir la órbita de nuestros satélites y evitar choques». Para frenar la proliferación de basura espacial, «todos los satélites llevan combustible para no chocar con fragmentos y para que al final de su vida útil vayan descendiendo hasta la órbita terrestre y se desintegren en un plazo de 25 años», explica.

Como esto no es posible en los satélites geoestacionarios, que orbitan a unos 36.000 kilómetros, estos artefactos son redirigidos al final de su vida útil a una zona en la que no representan un peligro para otros satélites y que llaman órbita cementerio. Estas nuevas medidas para no agravar más el problema de la basura espacial encarecen las misiones, en ocasiones en varios millones de euros. Mientras tanto, estudian métodos para atrapar los fragmentos.

Satélites con energía nuclear

Para los habitantes de la Tierra, asegura, el riesgo de la basura espacial es muy bajo:«La probabilidad de que te caiga un fragmento de basura espacial es mucho más pequeña que la de que te alcance un rayo. Lo que nos preocupa seriamente son los satélites antiguos que tienen energía nuclear, pues aunque la ONU recomendó a finales de los 80 no usarla en la órbita baja, hay restos antiguos que pueden caer a la Tierra. Hace unos cayó uno en Canadá y Rusia descontaminó la zona. También nos preocupan los grandes acoplamientos, como el SkyLab o la Estación Espacial Internacional (ISS), que cuando deje de funcionar no se va a desintegrar al entrar en la atmósfera porque mide 100 metros».

Miembros del Grupo de Desactivación de Artefactos Explosivos de la Guardia Civil retiran la primera esfera hallada en Murcia, el 4 de noviembre. EFE

¿Cómo se explica que en 12 días hayan sido encontrados en la misma zona tres objetos de basura espacial y dos posibles objetos, los encontrados en Elda y Pozorrubio de Santiago? ¿Tienen alguna relación? ¿Ha sido sólo una casualidad? Emmet Fletcher, portavoz de la Agencia Espacial Europea en España y Portugal y ex responsable del programa de basura espacial, explica que en los periodos en los que hay una alta actividad solar suele aumentar la reentrada de objetos a la atmósfera debido a la influencia del viento solar. Sin embargo, en la actualidad el Sol no se encuentra en una etapa muy activa, por lo que no serviría como explicación.

Aunque lo habitual es que estos objetos regresen a la Tierra de manera imprevista,excepcionalmente los ingenieros son capaces de prever su llegada con antelación. Así ocurrió el pasado 13 de noviembre, cuando un objeto de basura espacial denominado WT1190F y descubierto en 2009, impactó en el Océano Índico, a unos 100 kilómetros del sur de Sri Lanka, en el mismo lugar y a la misma hora quehabían calculado con semanas de antelación.

Tanto la Agencia Espacial Europea (ESA) como Elecnor Deimos, que está ultimando la puesta en marcha del observatorio de vigilancia espacial (DEIMOS Sky Survey, DeSS) en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), grabaron la reentrada de este objeto, de entre uno y tres metros, que creen que puede ser parte de la última fase de un cohete. El estudio de su trayectoria les ayuda a entender mejor cómo impactan estos objetos y también los temidos asteroides.

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Fuente:www.elmundo.es/ciencia/2015/11/17/564a31f0ca474187228b4640.html

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