Descubre la Religión PAGANA Vasca que fue ERRADICADA por las creencias CRISTIANAS

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  • 14 septiembre, 2018

La antigua religión precristiana es de carácter ctónico (subterraneo), teniendo todos sus personajes su morada bajo tierra y no en el firmamento o cielo, que aparece como un paraje vacío por el que Mari y Maju viajan de una montaña a otra o pastorean rebaños de nubes.

La tardía cristianización del suelo vasco, sobre todo de aquellas zonas más alejadas de las vías de acceso  romanas, explicaría la supervivencia, con más fuerza y carácter que en los territorios aledaños, de la primitiva religión hasta estadios muy tardíos, si los comparamos con el resto de Europa. Así encontramos restos de asentamientos paganos en las estribaciones de Aralar aún en el siglo XIII y el arquetipo de la diosa Mari ha sobrevivido, aun demonizado por la Iglesia, casi hasta nuestros días.

La similitud de creencias y númenes extendida por una extensa área norteña e incluso mediterránea y atlántica europea, nos induce a pensar en una mismo origen neolítico de tales creencias, particularizado luego en cada zona étnica y anterior a la llegada de los pueblos indoeuropeos, con un sistema de creencias de

sustrato notablemente diferente (Dioses no ctónicos sino celestes, personificados por seres humanos con los mismos vicios y virtudes de éstos, patriarcado frente a matriarcado, etc.)

Hubo un tiempo en el que la cosmovisión de las primeras culturas europeas en nada se diferenciaba de la del resto de pueblos indígenas de nuestro planeta. Durante un inmenso periodo de más de 35.000 años (del Paleolítico al Neolítico) y según las evidencias del arte simbólico prehistórico y las mitologías arcaicas, una misma cosmovisión en torno a la figura de la Gran Madre Naturaleza fue compartida en todo el continente euroasiático: desde el Cantábrico hasta Siberia, llegando hasta Oriente Próximo y el Valle del Indo.

Esta visión de la naturaleza como una Gran Madre era ya plasmada en el arte prehistórico hace nada menos que 40.000 años (Venus de Hohle Fels) y sobrevivió como figura central de la mitología Europea hasta hace unos 5.000 años, cuando los primeros pueblos militarizados comenzaron a imponer una nueva forma de concebir el mundo que se prolonga hasta nuestros días.

Existen suficientes evidencias arqueológicas, mitológicas y antropológicas para asegurar sin miedo a equivocarse que en aquel tiempo los europeos entendían a la naturaleza como sagrada y que las primeras sociedades humanas estuvieron basadas en la fraternidad y el apoyo mutuo.

LUR

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Para los antiguos vascos, como para otros arcaicos pueblos de la Tierra, ésta ni era redonda, ni giraba alrededor del Sol.

Se creía que LURRA (la Tierra) era un lugar plano e ilimitado, que se extendía en todas las direcciones. Sus confines eran infinitos y ni siquiera EGUZKI (el Sol) escapaba a la extensión del mundo.

Igualmente se pensaba que en el interior de la Tierra hay regiones subterráneas por las que fluyen ríos de leche y miel, y/o infernales torbellinos de lava incandescente. Inaccesibles para el hombre y habitadas por las almas de los antepasados difuntos, genios subterráneos y otros seres fabulosos, estas regiones comunican con el exterior a través de las simas y cavernas (como la cueva de Amboto y otras muchas). De estos conductos surgen algunos de los fenómenos naturales como las nubes de tormenta y los vientos huracanados.   También se decía que alberga tesoros en sus grutas, como pellejos de buey llenos de oro, probablemente por la vieja costumbre de arrojar monedas y objetos valiosos a la entrada de las cuevas en señal de ofrenda y adoración a Ama-Lur.

La superficie de la tierra, se creía, es movediza, unas comarcas ascienden mientras que otras bajan, y muchas montañas crecen como si fueran seres vivos. También se creía que algunas peñas destacadas eran transportadas por gigantes mitológicos.

Cuando anochece, el EGUZKI se sumerge en los mares bermejos o rojizos del ocaso (Itxasgorrieta), donde regresa a las entrañas de su madre Tierra. Espacio importante lo ocupan los mitos solares, los lunares y los relacionados con el cielo.

LURRA es la madre de EGUZKI e ILARGI (la Luna), morada de númenes y almas y fuente de toda vida. EGUZKI e ILARGI son auténticas divinidades a las que se saluda con un “agur”, a modo de oración,cuando se introducen en Itxasgorrieta para continuar su rumbo por las regiones subterráneas, junto con los demás astros de OSTRI (el cielo).

La tierra sería entonces, la diosa LUR, que bien pudo preceder o dar origen al culto a MARI, como su representación.

La montaña era sagrada para nuestros primitivos antepasados. Se supone que en las cotas más altas de nuestro relieve se efectuaban rituales de culto astral, razón por la que las primeras ermitas se erigieran en aquellos lugares con el fin de neutralizar los arraigados cultos idolátricos de los gentiles. No es casualidad el que muchos yacimientos prehistóricos, incluyendo dólmenes y cromlechs ª, estén en zonas montañosas.

La Iglesia en el largo proceso de implantación definitiva, que dura siglos en Euskal Herria, sigue la doble política de oponerse directamente a unas costumbres y actuaciones que considera sacrílegas, como la brujería y adoptando otros hábitos y cultos, a los que transforma acorde a sus intereses, como el Carnaval (“Ihauteriak”) y  la sagrada montaña. En el más puro sincretismo religioso, se sacraliza Aralar con el milagro de Teodosio de Goñi y el culto a San Miguel, aparece la virgen de Aranzazu en Aizkorri, se peregrina a San Antonio de Urkiola y muchos sitios más.

EGUZKI

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Hija de Ama-Lur. Algunas costumbres que han perdurado hasta nuestros días hacen pensar que, al igual que en gran parte de las culturas antiguas, EGUZKI fue adorado como divinidad femenina (deificado) por ser dador de vida y, como tal, venerado. Buscando su bendición, los dólmenes prehistóricos están mirando a Oriente, es decir, a EGUZKI, al igual que la fachada de los caseríos, la cabecera de los enterramientos, etc.

EGUZKI como divinidad tiene gran poder sobre los espíritus nocturnos, sorginak, lamias y similares. Cuando desaparece en el interior de LURRA, oscurece en la superficie, pero EGUZKI sigue alumbrando en las regiones subterráneas. Se dice que el día es para los hombres que viven en la superficie, mientras que la noche pertenece a los espíritus o “irelus” nocturnos, y a las almas de los difuntos para las cuales alumbra ILARGI.

La aceptación por los vascos de éste “sol en movimiento giratorio” (Lauburu) es probablemente debido a la fascinación idolátrica que hacia el Sol o Eguzki ha tenido el vasco desde el origen de los tiempos. Su utilización viene de la creencia de que el Sol ahuyenta el influjo del mal, al acabar con la noche, que es tiempo de las almas de los muertos y genios malignos, como Gaueko ó Gisotzo.

Despliega su mayor protagonismo durante las fiestas del solsticio, sobresol” ó hijo del sol.

ILARGI

El “lauburu” (cuatro cabezas), o Sol en rotación, símbolo perteneciente a la cultura aria e introducido por los celtas en Euskal Herria, es el principal símbolo vasco. Se ha descubierto que con anterioridad al Lauburu, existió otro símbolo o emblema, que fue la roseta  o rosetón romana, que representa un sol estático.

Otro símbolo muy común es la EGUZKILORE, o flor del sol, es en realidad la flor del cardo silvestre. De evidente parecido con el Sol, es utilizada en la puerta de las casas como protección para ahuyentar a los malos espíritus y a las sorgiñak y también para evitar que el rayo caiga en la casa.

Hipótesis formuladas a finales del siglo XIX y principios del XX, coincidiendo con un despertar de todo lo relacionado con nuestra particular idiosincrasia  y con los escritores románticos vascos, nos hablan de un vasco primitivo como adorador del Sol. Asi, si “eguzki” es sol, “euskoa”, nombre original del vasco, bien podría significar “el del n> Representa el mito más ancestral, el más importante, incluso más que el Sol o Eguzki y si éste es el ojo de la divinidad, Ilargi es su propia cara. Hija también de Ama-Lurra, es creencia extendida que ILARGI (la luna), a la que también se le da carácter femenino, era venerada como la luz de los muertos, como su mismo nombre delata “hil argia”, que alumbra en las noches las almas de los difuntos.En muchos lugares es tratado con todo respeto como una especie de abuela. Desde tiempos remotos era conocida su proverbial influencia, según sus fases, sobre las mareas, la vegetación (el momento elegido para la siembra o el corte de los árboles) y los animales.

El viernes, estaba dedicado a ILARGI, siendo el día en que se suponía que se reunían las “sorginak” (brujas). Por eso había actividades que no se debían realizarse en viernes, como casarse, conducir el rebaño al monte, recoger la miel, etc. Sin embargo, había otras actividades para las que se tenía en cuenta la fase en la que se mostraba ILARGI, creciente, menguante, nueva, llena. Según eso se hacía leña, se mataba el cerdo, se cortaba el pelo, etc. Ignorar este hecho traía malas consecuencias. En el valle de Aezkoa, decían: “La leña hecha en creciente es de mejor llama y más ligera que la de la luna menguante”.

La fases lunares se empleaban, además,  para medir el tiempo, por lo que se emplea el mismo   -hil- para nombrar el mes.

ORTZI

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De influencia claramente indoeuropea, ORTZI (cielo) debió de ser la potenciación de la divinidad celeste,como el Júpiter latino, el Odín nórdico o el Wotangermano.

    Para los antiguos vascones era o Dios mismo o una divinidad de primer orden. Este genio es considerado el dios de las tormentas, que lanzaba contra los humanos cuando se enojaba con ellos.

También conocido como urtzi, ortz, ostri, …, los derivados de su nombre sirven para identificar muchos fenómenos naturales vinculados con el dios celeste, como las tormentas. Así los truenos son odei, ortzantz, ozkarri; los rayos y relámpagos son iñizitu, oaztargi, tximistarri y el arco iris ostadar, ortzadar, ortzeder.

De Ostadar, “cuerno o falo de Dios”,  el Arco Iris, existe la creencia  de que une el cielo y la tierra o el cielo y el mar, de ahí una de sus denominaciones más singulares: “itxasoadarra”.

Oneztarri, “piedra de rayo”, es el mismo rayo, considerado como una piedra o un  hacha de piedra, lanzada por Odei.

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