El arte ancestral de COBRAR LLORANDO PENAS DE OTROS: Las plañideras

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  • 10 septiembre, 2019

Antes de la información, aprovechamos la ocasión para presentaros nuestro libro, el cual nos ha costado mucho tiempo de recopilación, trabajo e investigación, donde creemos que una vez termine de leer será usted consciente de la manipulación a la que ha sido expuesto el «Nuevo Testamento» por la religión Católica, y cómo ha eliminado y modificado radicalmente partes de este pues rompe con sus dogmas que nada tienen que ver con las verdaderas enseñanzas de Jesús.

¿Nació Jesús el 25 de diciembre?¿Fue Nazaret el lugar donde lo hizo?¿Era José su Padre realmente?¿Pudo ser su origen de otro mundo?¿Era un hombre normal y para nada divino?¿Tenía hermanos, mujer e hijos?¿Donde está sus descendencia?¿Lo apodaron el «niño asesino» cuando era pequeño?¿Es la religión católica una invención del emperador Constantino?¿Es Jesús una invención para manipular al pueblo?

El equipo de «Un Surco En La Sombra» responde a estas y muchas más incógnitas en un largo estudio que recopila teorías realmente diferentes a todo lo que se ha dicho públicamente de la vida de Jesús a lo largo de la historia. Nos sentimos orgullosos del trabajo realizado y poder dar la oportunidad de ver la otra cara de la moneda.

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Una vez dicho esto le damos las gracias por su tiempo y le mostramos la información que buscaba. Estamos seguros que será de su agrado y le hará que pensar

PAGAR A LLORONAS EN UN FUNERAL ES UNA CURIOSA TRADICIÓN MILENARIA QUE REFLEJA EL CULTO UNIVERSAL A LA MUERTE.

Las plañideras o mujeres que se les paga por llorar en los funerales han existido desde tiempos ancestrales, es una tradición que griegos y romanos heredaron de los hebreos, y que se presume se originó en Egipto.

 Cuando alguien fallecía se contrataban a mujeres para que lloraran e hicieran público el lamento y el dolor de la familia; entre más importante o acaudalado era el difunto, más plañideras acudían al funeral. En aquellos tiempos, además de llorar, solían llevar un jarrón donde depositaban sus lágrimas como una demostración del estatus de la persona fallecida y el hondo dolor que provocaba en sus allegados.

En Latinoamérica, esta costumbre se desarrolló a partir del siglo XVII volviéndose una actividad donde el precio, así como estatus del difunto, se elevaba dependiendo del número de mujeres contratadas y la intensidad del llanto y los gritos.

Otra de las razones por las que se contratan mujeres para llorar en los funerales, consistía en que las lágrimas liberadoras confortaban a quienes vivían el dolor que la muerte les dejaba, y las plañideras acompañan a los vivos lamentando su pérdida y dándoles apoyo moral, así como augurar un afortunado camino espiritual al alma que se dirige a otras dimensiones.

En algunas comunidades rurales aún se acostumbra pagarle a mujeres que lloren y recen a un difunto; tradición que se presume, se hereda de madres a hijas.

© EFE / Enrique Contla

Actualmente, en el contexto del día de muertos el 2 de noviembre, cada año en la ciudad de San Juan del Río, Querétaro (México) se lleva a cabo un concurso de plañideras en el Museo de la Muerte, donde cada concursante hace su mejor papel en el arte de llorar a un personaje público, participando desde auténticas lloronas hasta jóvenes actrices teatrales.

Alguna vez leí un relato, en el que la mujer ganadora de uno de estos concursos sorprendió al jurado con un llanto verdadero y conmovedor. Cuando se le entrevistó, la participante declaró que con sólo acordarse de la vida difícil que había llevado desde niña hacía brotarle su dolor y sufrimiento a través de copiosas lágrimas.

A pesar de que esta tradición ya está en desuso, es conveniente conocer cómo a través de la historia y en la mayoría de las culturas miles de mujeres se han prestado a llorar las penas ajenas cuando se pierde a un ser querido, haciendo de “las lloronas” algo más que una leyenda en lo que a la concepción de la muerte se refiere; un tema por el que siempre ha existido una interesante fijación universal.

Recopilación de  información que he encontrado sobre las plañideras y sus costumbres a lo largo de la historia y en diversas culturas.Toda la información a partir de aquí pertenece a sus respectivos autores.

La información extendida para los mas curiosos:

Pueblo Hebreo y las Lamentatrices

“Se hace mención de estas mujeres desde la más remota antigüedad. Para expresar de un modo más enérgico la desolación que debía causar al pueblo judío la devastación de Judea, el profeta Jeremías dice que el Dios de Israel mandó a su pueblo a hacer venir lloronas que él designa bajo el nombre de lamentatrices. Este uso del pueblo hebreo pasó a otras naciones y sobre todas, se conservó entre los griegos y romanos. Estos últimos daban el nombre de praefica a la principal de cada comitiva de lloronas porque era ella la que presidía las lamentaciones y la que daba a sus compañeras el tono de tristeza que convenía según la clase del difunto.

Las lloronas iban cubiertas con un velo y llevaban un vaso en que recogían las lágrimas que derramaban. Estos vasos llamados lacrimatorios se encerraban con mucho cuidado dentro de la urna donde se depositaban las cenizas del difunto. Como no se alquilaban lloronas sino para los entierros de los ricos, por esto no se metían en los vasos lacrimatorios en las urnas de los pobres para demostrar a la posteridad que ninguna persona había llorado en muerte en sus funerales.”                              Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Pla%C3%B1idera
 Plañideras en el Antiguo Testamento
 “Atended, llamad a las plañideras, que vengan; buscad a las más hábiles en su oficio.” (Jer. 9:17). El uso de las plañideras pagadas o alquiladas estaba muy extendido entre los antiguos cristianos, aunque los padres de la iglesia primitiva condenaban esta práctica por ser en su mayoría ejercida por mujeres paganas que con sus llantos mercenarios, acrecentaban el dolor y el luto que no se correspondía con la esperanza de la vida eterna y la creencia en la resurrección.
En el antiguo Egipto; plañideras o Cantoras de la diosa Hathor
“Cuando una persona fallecía, eran ellas las encargadas de dejar constancia pública del duelo de los familiares, para lo cual formaban parte del cortejo funerario, y demostrando consecuentemente con su presencia el importante nivel de status que habría llegado a alcanzar en vida la persona objeto de sus sollozosLa manera en que manifestaban el dolor era variada: a través de lamentos, (que podían adoptar incluso la forma de gritos estentóreos y descontrolados), dándose golpes en el pecho, (el cual a veces dejaban al descubierto), echándose tierra sobre la cara, cabeza y cuerpo, (tratando con ello de ocultar la presumible belleza externa), o tirarse con energía de los cabellos, (despeinándolos, o incluso arrancándolos); es decir, en conjunto manifestando una conducta que diera sentida cuenta del profundo dolor que implicaba la pérdida de un ser querido
De igual modo (y como complemento a lo anterior), las plañideras también se distinguían por otra serie de detalles externos y visibles, como eran el que iban ataviadas con un tipo de vestido especial que solía ser de color gris azulado, (color que se empleaba para mostrar los sentimientos de dolor en el área hoy conocida como Próximo Oriente), mostrando el cabello largo y suelto por la espalda formando mechones, marchando descalzas por el camino que conducía al finado a su última morada, o incluso apareciendo desprovistas de cualquier adorno personal que como detalle frívolo pudiese quitar solemnidad al cortejo.
La profesión de plañidera, (que siempre se desarrollaba en grupos), solía trasmitirse de madres a hijas,
Escenas significativas de plañideras ejerciendo su oficio se pueden encontrar por ejemplo en las paredes de diversas tumbas del Reino Nuevo, siendo la más famosa de todas la del visir de Amenhotep III, Ramose, y entre las que también se pueden destacar las de un escriba real llamado Jaemhet, quien ostentó el cargo de Supervisor de los Graneros del Alto y del Bajo Egipto durante el mismo reinado del anterior, o en las de dos escribas de Amón, Hori y Neferhotep, quienes vivieron el primero en época ramésida, y el segundo probablemente durante el gobierno del faraón Ay, unas escenas en las que merced a ciertos detalles aparentemente nimios algunos autores han llegado a deducir sin embargo hechos elocuentes, como el que cuando colocaban las palmas de las manos hacia arriba indicaban con ello un lamento, mientras que cuando las dirigían hacia abajo al tiempo que extendían los brazos era más bien una forma de rogar por el alma del difunto”
“Las plañideras, siempre en grupos, eran las primeras en llegar a la casa del difunto y en ocasiones afeaban su rostro embadurnándose con barro del Nilo y vistiendo andrajos. Luego se preparaban para el cortejo fúnebre donde su labor no era meramente exteriorizar el dolor de la familia, sino que formaba parte de un complejo ritual que se componía del rezo de los sacerdotes, cánticos y danzas con el objeto de llamar la atención de los dioses y preparar al difunto para el último viaje. Las plañideras se purificaban con natrón, un carbonato sódico que se utiliza en la elaboración de jabones y de tintes, y se perfumaban con incienso. Vestían túnicas blancas o de un gris azulado, desfilaban descalzas, con los pechos descubiertos y tocadas con pelucas rizadas de las que se arrancaban los cabellos. Los lamentos y gritos, las letanías y los golpes en el pecho, se alternaban con ese movimiento de manos que podemos ver en el mural de Ramose, al parecer, las palmas hacia arriba significaban lamento mientras vueltas hacia el suelo eran un ruego por el alma del finado. El llanto está representado por pequeñas gotas que caen de los ojos y por las muecas de la boca en señal de dolor”
Herodoto describiendo un cortejo funebre “es costumbre que al morir un sujeto de importancia, las mujeres de la familia se emplasten de lodo el rostro y la cabeza. Así desfiguradas y desceñidas y con los pechos descubiertos, dejando en casa al difunto, marchan por la ciudad llorando y dándose golpes de pecho.”
Plañideras en la Grecia antigua
La presencia de las mujeres en los velatorios, estaba restringida a las parientas próximas. Pero era común contratar a plañideras que se alisaban el pelo delante del muerto y eran las encargadas del treno fúnebre. Eran famosas las plañideras griegas que podemos ver representadas en el arte funerario, tanto que hasta nuestros días ha llegado el dicho: “Llorar como plañideras griegas”.
 Plañideras en la Roma antigua
Con el pelo suelto y despeinado seguían al cortejo de músicos, parientes y amigos, con sus cánticos y sollozos y, como las mujeres de la familia, solían arañarse y rasgarse las vestiduras.
    Plañideras en la Alta Edad Media
 «La escena del duelo se hallaba dividida en dos actos sucesivos e inmediatos: durante
el primero, las manifestaciones eran salvajes (al más puro estilo antiguo) o así debían parecerlo: “a penas se constataba la muerte, a su alrededor estallaban violentas manifestaciones de desesperación”, circunstancia que contrastaba con la calma y sencillez del moribundo en espera de la muerte. Tales gestos de pena y dolor sólo eran interrumpidos por el elogio del difunto, segundo acto de esta escena; habitualmente existía un “guía” del duelo quien se encargaba de las palabras de despedida, haciéndose especial hincapié en la espontaneidad de los acompañantes (familiares, amigos, señores y vasallos del difunto).
El duelo solía durar algunas horas, el tiempo de la vela, a veces el tiempo del entierro: un mes como máximo en las grandes ocasiones; las gentes se vestían de rojo, de verde, de azul, del color de los vestidos más hermosos para honrar al muerto.»
 Plañideras en la Baja Edad Media
«Allí donde las manifestaciones tradicionales del dolor subsistían, como en la España de los siglos XIV y XV (aún persistían las plañideras y el duelo tenía por objeto descargar el sufrimiento de los supervivientes), su apariencia de espontaneidad y su dolorismo se han atenuado; lo que no se quería decir mediante palabras o gestos, se significaba entonces por el traje y el color: “En el siglo XII, Baudry, abad de Bourgueil, señalaba como rareza extraña que los españoles se vistieran de negro al morir sus parientes”.
Los gemidos femeninos, que forman parte del ritual mortuorio y que en cierta medida perpetúan la larga tradición de las plañideras grecolatinas. Estos sollozos y gemidos rituales que encontramos en torno al lecho del moribundo, en el velatorio y en el cementerio, son siempre producidos por mujeres, los “agentes esenciales del rito funerario” en palabras de M. Mauss (3). Recordemos a este respecto que eran éstas quienes se encargaban del amortajamiento y del velatorio del difunto. Las “pleureuses” confieren un cariz dramático a la muerte, gritan, lloran, rezan, en ningún momento son asistentes pasivos, la emoción les agita, sus muestras de dolor son siempre apasionadas.»
Fuente: https://www.belelu.com/2013/10/las-planideras-y-el-arte-de-llorar-penas-ajenas/

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