El ÉXTASIS de Teresa de Calcuta lo producía UN HONGO alucinógeno EN EL PAN: Cornezuelo del centeno

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  • 8 abril, 2018

El escritor británico Aldous Huxley en su obra “Las Puertas de la Percepción” (1954) afirmó que “…tomando la sustancia adecuada, es posible cambiar mi modo ordinario de conciencia hasta el punto de quedar en condiciones de saber, desde dentro, de qué hablan el visionario, el médium y hasta el místico…”
Los síntomas y las visiones que tienen lugar tras ingerir determinadas sustancias psicodélicas (mescalina, ayahuasca…) son semejantes a los ÉXTASIS que sufrían los místicos religiosos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús. Tales visiones suelen contener un marcado simbolismo religioso.

Con ello no digo que estos grandes místicos del Siglo de Oro se tomaran esto para alcanzar sus visiones extáticas, ya que no sólo a través del consumo de alucinógenos se logran tales estados visionarios. Cabe señalar, no obstante, que San Juan de la Cruz se alimentaba sólo con pan de centeno, el cual una vez fermentado produce un hongo llamado “CORNEZUELO DEL CENTENO” que posee propiedades alucinógenas.

Existen numerosos libros en los que se da explicación a milagros de todo tipo utilizando conceptos lógicos y científicos. De hecho, la propia Iglesia Católica es muy crítica a la hora de validar los tres milagros necesarios para canonizar a una persona. Algunas de las catalogadas como santos o santas se han caracterizado por sufrir una serie de procesos físicos y psíquicos que les convierten en muy especiales. Además de la aparición de estigmas y de obrar lo que se conoce con el nombre de milagros, los santos han podido experimentar bilocaciones y momentos de evasión a los que denominamos éxtasis.

Una de estas personas fue Santa Teresa de Jesús, una monja carmelita nacida en Ávila en 1515. Santa Teresa fue una persona apasionada y de una gran imaginación. Fue una religiosa que pasó por momentos de duda en su fe y buscó el reencuentro con esta. En parte, su regreso a la oración y devoción ocurrió a partir del momento en el que comenzó a experimentar visiones. Fue a partir de 1558 cuando empezó a sufrir estos estados alterados de conciencia. Las visiones fueron tanto del infierno como de Jesucristo crucificado. Dada su calidad como escritora, ha sido posible estudiar sus obras, en donde se evidencian dichos éxtasis. En la línea de lo que comentaba al comienzo de este post, estos estados contemplativos y de meditación que le llevaron a tener visiones pueden tener un origen no místico, sino totalmente mundano.

Una de las explicaciones a sus éxtasis es la posible epilepsia que podría sufrir la santa. El doctor Esteban García-Albea plantea esta posibilidad. No se trataría de una epilepsia muy severa, aunque sí lo suficientemente importante para provocar esos estados alterados de conciencia.

Otra posibilidad sería que la santa sufriera de una intoxicación alimentaria por tomar algo tan corriente en el siglo XVI como el pan de centeno. Este cereal puede poseer un hongo llamadocornezuelo del centeno (Claviceps purpurea), que se fija a sus granos. Este hongo posee numerosos compuestos relevantes, entre los cuales se puede destacar a los alcaloides. Los alcaloides de este hongo son la ergotamina, la ergocristina, la ergocriptina y la ergometrina. Este conjunto de moléculas tiene potentes efectos vasoconstrictores y, asimismo, actúa sobre el sistema nervioso central. Esto puede conducir a estados mentales alterados, lo que incluye alucinaciones.

El efecto a nivel cerebral es muy complejo. Estos alcaloides pueden funcionar sobre los receptores de la dopamina, la serotonina y la noradrenalina en diversas regiones cerebrales. Independientemente de cuáles sean los mecanismos de acción de este grupo de moléculas, no resultaría extraño pensar que los estados de éxtasis de Santa Teresa de Jesús hubiesen sido debidos a algo tan natural como comer pan durante las comidas.

cornezuelo del centeno

El cornezuelo o ergot (Claviceps purpurea) es un hongo parásito del género Claviceps que consta de más de cincuenta especies. Todas ellas pueden afectar a una gran variedad de cereales y hierbas, aunque su anfitrión más común es el centeno. Cuando el núcleo del cornezuelo se deposita en la tierra permanece en estado letárgico o esclerotium hasta que se dan las condiciones propicias para medrar y pasar a la fase fructífera, en la que se desarrolla como una minúscula seta liberando las esporas fúngicas. Dichas esporas son de forma muy alargada con un espesor de apenas 1 micra.

Las infestaciones de este hongo causan la reducción de producción en calidad y cantidad de grano y heno y, si estas cosechas infectadas se utilizan para alimentar al ganado, pueden provocar una enfermedad llamada ergotismo.

El cornezuelo, entre otros compuestos, contiene alcaloides del grupo ergolina. Todas estas sustancias tienen un amplio espectro de acción en el cuerpo, incluidos efectos vasoconstrictores a nivel circulatorio o de neurotransmisión.

Entre los científicos que estudiaron este hongo y sus derivados se encuentra Albert Hofmann, cuyos experimentos lo encaminaron al descubrimiento de la dietilamida del ácido lisérgico (LSD), un poderoso enteógenoderivado del cornezuelo que afecta al sistema serotoninérgico

El cornezuelo se utilizó para inducir abortos y detener las hemorragias uterinas tras el parto, pero en la actualidad se ha sustituido por sustancias sintéticas.

Se desarrolla en el ovario del centeno, por lo cual se lo llama popularmente en Castilla «cornezuelo del centeno», aunque también invade, aunque menos fruecuentemente, el trigo, la avena y la cebada; entonces se lo denomina «tizón». Abunda en los años húmedos en campos descuidados de este cereal. Es frecuente en comarcas lluviosas de la península ibérica, sobre todo en Galicia y norte de Portugal, Tenerife, Mogador y sur de Rusia.

Cornezuelo infectando una espiga de centeno.

Su aspecto, que recuerda el de pequeños clavillos ligeramente curvados, de sección vagamente triangular y terminados en una esferilla a manera de cabeza de clavo, dan lugar a su nombre científico. Estas fructificaciones, que brotan de las espigas del centeno, alcanzan una longitud de 40 a 60 mm de longitud por unos 4 ó 5 mm de grueso, de color blanquecino al principio que después se torna de color negro azulado.

Fuertemente venenoso por las sustancias tóxicas que contiene (ácidos ergotínico y esfacélico, ecbolina o ergotinina, etc.), su presencia entre los granos molturados (molidos) de centeno puede producir importantes trastornos en la salud de quien lo ingiera. Usado en farmacopea, se conocen sus propiedades desde tiempos muy antiguos. Aunque los chinos lo empleaban en obstetricia para contraer el útero y evitar las hemorragias en el postparto, no fue reconocido en Europa hasta finales del siglo XVI, aunque no se utilizó científicamente hasta el siglo XVII.

ácido lisérgico.

En la Edad Media, la ignorancia de sus propiedades tóxicas permitió que acompañara frecuentemente al grano de centeno empleado para hacer harina, provocando su consumo atroces y devastadoras enfermedades en la población.

Historia

El ciclo de la enfermedad del hongo del cornezuelo fue descrito por primera vez en la década de 1800. Sin embargo, se conocen referencias a epidemias producidas por él en personas y animales varios siglos antes de esa fecha. El envenenamiento humano debido al consumo de grano infestado fue muy común en Europa durante la Edad Media.

Incluso se especula que los juicios de las brujas de Salem pudieron ser desencadenados por algunas jóvenes que habían consumido centeno contaminado.

Algunos investigadores sostienen que el brebaje consumido por los participantes en los antiguos misterios griegos de los eleusinos, llamado «kykeon» y elaborado a partir de poleo y cebada, podría haber producido en los participantes diversos efectos alucinógenos atribuibles al cornezuelo.

Algunos pasajes de la Biblia se han interpretado como referencias a la enfermedad producida por la intoxicación del cornezuelo del centeno, denominada ergotismo o, popularmente, «fuego del infierno» o «fuego de San Antón», aunque es posible que sean simples hipótesis especulativas. Lo cierto es que el origen de la denominación es real; Joaquín de Villalba documenta que en el año 1214, en Castrojeriz, se fundó el convento de San Antón para dar amparo a los enfermos del llamado, por antífrasis, «fuego sagrado» («ignis sacer»), «fuego del infierno» o «fuego de San Antón», enfermedad más lesiva que la propia lepra, pues las extremidades van consumiéndose hasta desprenderse, lisiando y matando a los enfermos que solamente pueden rezar y llevar amuletos.

Fuente: Wikipedia

http://www.fotolog.com/divasdebarrio/32205156/

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