ESPARTACO: El esclavo que DESTRUYÓ el Imperio Romano PARA SIEMPRE

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  • 12 julio, 2017

Espartaco fue uno de los personajes que más impacto causó en la Historia Antigua. Condenado a la esclavitud y obligado a combatir como gladiador para divertir al público romano, Espartaco se rebeló contra su destino y decidió cambiar el injusto mundo que tenía a su alrededor. Para ello, entre los años 73 al 71 a.C, Espartaco dirigió la mayor rebelión de esclavos a la que nunca antes se tuvo que enfrentar la República de Roma y casi provocó el derrumbamiento de la misma, al afectar al corazón de su sistema económico y social: el sistema esclavista. La economía romana estaba basada en el trabajo forzado de esclavos, y sin esclavos que trabajaran, talaran y explotaran las minas, la producción de materias primas quedaba paralizada. Espartaco consiguió libertar a más de 30.000 esclavos, ofreciéndoles algo vital que carecían hasta la fecha: Esperanza. Pese a ser finalmente derrotado, Espartaco se convirtió en un símbolo eterno de la lucha por la libertad, un hombre que jamás se dio por vencido y que hizo temblar a la mayor potencia de la época.

Espartaco nació en el año 113 a.C en Tracia (territorio que, más o menos, correspondería hoy en día a Bulgaria). Los Tracios eran un pueblo indoeuropeo milenario que tenía una gran tradición militar; su infantería ligera, denominada por los griegos “Peltastas”, estaba armada simplemente con un puñado de jabalinas y un pequeño escudo redondo de madera, pero era sumamente efectiva a la hora de hostigar al enemigo, y en terreno montañoso eran casi imbatibles. Los guerreros tracios solían combatir como mercenarios para las ciudades estado griegas y posteriormente, tras ser conquistada Tracia por Macedonia, acompañaron al famoso Alejandro Magno en sus conquistas.

Todas las fuentes antiguas coinciden en que Espartaco era tracio. Sin embargo, esto no quiere decir necesariamente que fuera nativo de Tracia. En el siglo I, había dos estilos de combate para los gladiadores: el tracio y el galo. Cada estilo de combate implicaba diferentes tipos de movimientos, armas y armaduras, y, al comprar a un esclavo para convertirlo en gladiador, el lanista (así se llamaba el dueño de un ludus, como se conocía a las escuelas de gladiadores) decidía para qué estilo sería entrenado según su contextura física, independientemente de su origen étnico. De modo que es posible que el lugar de nacimiento de Espartaco estuviera ubicado en cualquier punto del vasto Imperio Romano, o incluso fuera de él. También es posible que su nombre ni siquiera fuera Espartaco.

En la época de Espartaco, los tracios eran un pueblo libre dividido en diversas tribus que luchaban entre sí por expandirse y aumentar sus territorios. Desde muy joven Espartaco destacó como guerrero en las numerosas batallas que su tribu, los Maedi (también denominados Medi o Medos), sostenían contra sus vecinos los “Getas”, una belicosa tribu tracia que habitaba la zona norte del Danubio, en el sur de la actual Rumanía.

Las incursiones de los getas amenazaban no solo a las tribus tracias de Bulgaria, sino a Macedonia, que tras su conquista había pasado a ser una provincia romana. Por ello, los romanos solían reclutar tracios como tropas auxiliares para ayudar en la defensa de Macedonia. Espartaco fue parte de estas tropas de auxiliares que combatieron codo a codo con los romanos frente a los getas. Sin embargo, tiempo después, los romanos comenzaron a expandirse militarmente por Tracia, lo que provocó que Espartaco y otros tracios descontentos decidieran desertar de las tropas auxiliares romanas para volver a sus hogares. Su intento de huida no tuvo éxito y Espartaco fue capturado por los romanos y condenado a la esclavitud por el delito de deserción. Después de la muerte, la esclavitud era la mayor condena que podía sufrir un hombre libre.

Dada su gran fuerza física y su buena salud, Espartaco fue destinado a trabajar en las canteras de yeso, uno de los trabajos más duros a los que se podía enfrentar un esclavo. Sin embargo, el destino no le tenía reservado morir en las minas y tiempo después Espartaco fue comprado por Léntulo Batiato, el dueño de un “ludus”, es decir una escuela de gladiadores, situada en Capua, capital de la Campania, al sur de Roma. Batiato había visto de inmediato el potencial que Espartaco tenía para luchar en la arena, no solo por su fuerza sino por su experiencia como guerrero, así que decidió formarlo como gladiador para que participara en los combates de gladiadores de la arena de Capua.

La vida como gladiador, pese al riesgo continuo de enfrentarse a la muerte en los combates de la arena, era mucho mejor que la vida en las canteras de yeso y muchos esclavos se habrían dado por satisfechos con esta oportunidad de estar bien alimentados y cuidados. Sin embargo, Espartaco no era un hombre común, era un guerrero que amaba la libertad por encima de cualquier cosa y que no estaba dispuesto a someterse. Cansado de luchar a muerte para divertir a los romanos, en el año 73 a.C, Espartaco se alzó en armas contra sus dueños y consiguió escapar del Ludus de Batitato en compañía de otros 74 gladiadores entre los que se encontraban los famosos galos Crixo, Gannicus y Enomao (Oenomaus).

 Al ser descubiertos, debieron defenderse con utensilios de cocina, hasta que lograron llegar hasta el depósito de las armas y usarlas para vencer a los soldados que custodiaban el ludus; es posible que Batiato haya muerto en el combate. El grupo de gladiadores fugitivos era de apenas setenta. Las autoridades de Capua, enteradas de lo ocurrido en el ludus de Batiato, enviaron una pequeña fuerza para capturarlos, pero fueron derrotados, y pronto cientos de otros esclavos de la zona se escaparon para unirse al grupo.

Los gladiadores rebeldes se refugiaron en el monte Vesubio, estableciendo allí una base de operaciones desde la cual lanzaban ataques contra las localidades vecinas, saqueándolas y liberando a los esclavos que encontraban.

Allí eligieron a Espartaco como el jefe de lo que ahora era una horda cada vez más numerosa. Dos gladiadores “galos” ―conviene no olvidar la cuestión de los estilos de combate― llamados Crixo y Enomao eran sus lugartenientes principales.

En poco tiempo Espartaco consiguió un gran número de seguidores y generó tal alarma que los romanos decidieron enviar a la zona un contingente de 3.000 soldados, procedentes de las cohortes urbanas, bajo el mando del pretor Claudio Glabro con el objeto de aplastar la rebelión y dar una lección a los esclavos.

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Claudio Glabro acampó a los pies del Vesubio, con el objetivo de cercar a los esclavos rebeldes que habitaban en la cima, cortándoles todas las vías de acceso a comida y suministros, lo que, a largo plazo, les obligaría a rendirse o morir de hambre. Sin embargo, Glabro se olvidó de fortificar su propio campamento, pensando que los esclavos no se atreverían a descender del monte para atacar a sus soldados. Obviamente, el cálculo del inepto Glabro salió mal, ya que al amparo de la noche los gladiadores de Espartaco atacaron el campamento romano. Tomados por sorpresa, los romanos fueron derrotados por completo y Glabro a duras penas pudo escapar junto a un puñado de hombres. Esta gran victoria causo todo un revuelo en Roma y permitió a Espartaco contar con más adeptos a su causa y con más armas y armaduras (obtenidas de los cadáveres de los soldados de Glabro) con las que defenderse de los romanos.

El éxito de Espartaco, algo inconcebible para los romanos de la época, es comprensible si tenemos en cuenta varios factores: el primero es que Espartaco y el resto de gladiadores tenían una experiencia en combate cuerpo a cuerpo muy superior a los destacamentos de guardias urbanos enviados a capturarles. Segundo: las legiones romanas, que contaban con soldados profesionales mucho más experimentados, estaban fuera de Italia, luchando contra la rebelión de Sertorio en Hispania y contra el rey Mitridates en Oriente. Por otro lado, la amenaza de los esclavos fugados no fue tomada en serio hasta mucho después y habría sido ridículo movilizar una legión para capturar a un puñado de esclavos fugados. Tercero: Espartaco marcaba la diferencia. Cualquier otro esclavo fugado habría intentado escapar por su cuenta hacía las Galias o cualquier otro sitio, pero Espartaco no solo quería la libertad para sí mismo, la quería para todos los esclavos, por ello se dedicó a liberar al mayor número posible de ellos. Esta mezcolanza de hombres y mujeres libres no era un ejército, pero era un grupo muy motivado, luchaban por su libertad y por su vida, mientras que los romanos luchaban siguiendo las órdenes de sus superiores pero sin mayor motivación que el orgullo de sentirse superiores a los esclavos. Resumiendo podemos decir que Espartaco les dio a los esclavos fugados algo que habían perdido hace mucho tiempo: Esperanza.

La derrota de Glabro irritó al Senado, pero éste organismo siguió subestimando a los esclavos rebeldes. Como hemos dicho antes, las Legiones estaban combatiendo en Hispania y en Asia, pero decididos a resarcirse de la humillante derrota de Glabro, enviaron contra los esclavos a los pretores Lucio Cossinio y Publio Varinio, a los que se dio el mando sobre un contingente de más de 10.000 soldados. Sin embargo, ambos pretores decidieron aprovechar la campaña contra los esclavos para obtener réditos políticos y decidieron actuar cada uno por su cuenta, lo que ocasionó que ambos sufrieran duras derrotas a manos de Espartaco. Lucio Cossinio, tras ser derrotado en varias escaramuzas, fue finalmente asesinado en un ataque enemigo contra su campamento. Varinio por su parte consiguió en una ocasión rodear el campamento de los esclavos, pero estos consiguieron escapar durante la noche tras dejar varios muñecos de paja disfrazados para que simularan que todavía quedaban centinelas en el campamento. Una clara muestra del ingenio de Espartaco y sus hombres.

Finalmente, tras perder varios combates contra los esclavos y sufrir la captura de su caballo y sus emblemas, Varinio tuvo que desistir de continuar la persecución de Espartaco. El año acababa con una nueva derrota de Roma: si ambos pretores hubieran actuado conjuntamente, en vez de buscar la gloria personal, habrían tenido superioridad numérica y táctica sobre Espartaco pero cometieron el mismo error de Glabro: subestimar a los esclavos por el mero hecho de ser esclavos.

Obviamente las fuerzas de Espartaco habían sufrido también bastantes bajas en los enfrentamientos con los pretores romanos, (incluso entre los caídos estaba uno de sus líderes: Eonomao (Oenomaus), pero las victorias cosechadas animaron a numerosos esclavos a fugarse para unirse a sus filas. Tras pasar el invierno entrenado a los nuevos esclavos en el uso de las armas, con la llegada de la primavera el ejercito de Espartaco, cuyos efectivos rondaban ya los 70.000 hombres, se dirigió hacia el sur, arrasando a su paso el territorio de Campania y matando a cuanto romano se ponía a su alcance.

En esta ocasión, ante el escándalo causado por las masacres de ciudadanos romanos en varias ciudades saqueadas por el ejército de esclavos, el Senado de Roma decidió movilizar contra los esclavos dos ejércitos profesionales, cada uno compuesto por 10.000 legionarios, al mando de los cónsules del año 72 a.C: Gneo Cornelio Léntulo y Lucio Gelio Publícola.

Mientras los ejércitos consulares se preparaban para enfrentarse a los esclavos de Espartaco, éstos se encontraban inmersos en el debate sobre: ¿qué hacer ahora? Aunque no hay información precisa al respecto, se puede afirmar con bastante certeza que el plan de Espartaco consistía en reunir el mayor número posible de esclavos y sacarlos de Italia cruzando los Alpes. Esta era la única posibilidad de libertad para la mayoría de ellos, puesto que una vez fuera de Italia muchos rebeldes podrían escapar a territorios que aún no habían sido conquistados por Roma (como las Galias y Germanía). Espartaco era consciente de que no podría sostener una larga guerra de desgaste contra la República romana, pues esta era inmensamente rica y podría reconstruir fácilmente sus fuerzas armadas recurriendo al reclutamiento forzoso y exigiendo nuevos contingentes de tropas a sus aliados. Por otro lado, los romanos, impulsados por el temor a que los esclavos de otras partes del mundo mediterráneo se decidieran a rebelarse, podían ordenar regresar a las legiones veteranas que combatían en Hispania y en Asia. El tiempo era vital, por eso Espartaco decidió marchar hacia el Norte.



Sin embargo, el contingente de esclavos galos y germanos liderados por el ex-gladiador Crixus, unos 20.000 hombres, decidió no marchar hacia el norte con Espartaco sino continuar la guerra contra los romanos y atacar la mismísima Roma. Por desgracia para ellos, su audaz plan era casi una locura. Su ejército fue interceptado por los 10.000 legionarios del cónsul Lucio Gelio Publícola en las inmediaciones del Monte Gargano, cerca de la costa del Mar Adriático, y, tras una durísima batalla, fue completamente destruido, cayendo el propio Crixus en el combate. En esta ocasión, la táctica romana se había impuesto a un enemigo superior en número pero falto de ideas.


Mientras Crixus era derrotado, Espartaco y su ejército continuaban su marcha hacia el norte seguidos de cerca por el otro cónsul; Gneo Cornelio Léntulo. El plan romano era que Léntulo consiguiera cortarle el paso a Espartaco mientras Gelio con sus tropas avanzaba por el sur y les cortaba la retirada. Esta maniobra colocaría al ejercito esclavo entre el yunque y el martillo, pero, obviamente, Espartaco no era ningún tonto y se anticipó a los planes romanos atacando a ambos cónsules antes de que pudieran unir sus fuerzas y derrotando a cada uno de ellos. Sin embargo, ambos cónsules no se dieron por vencidos y, tras unir fuerzas, intentaron de nuevo cortarle el paso al ejército esclavo en la región del Piceno. Una vez más, Espartaco supo maniobrar hábilmente para derrotar a los incompetentes cónsules y se alzó con la victoria. Los romanos sufrieron numerosas bajas y tuvieron que retirarse desordenadamente hasta Roma, dejando atrás a 300 soldados que cayeron prisioneros. Para honrar la memoria de su amigo Crixus, Espartaco ordenó a los prisioneros romanos combatir entre ellos, como gladiadores, hasta la muerte. Solo los vencedores salvarían la vida. Esta cruel parodia dice mucho de las ansías de venganza de los antiguos esclavos, sometiendo a sus amos a los mismos castigos que ellos sufrían a diario.

Tras honrar a sus muertos, los esclavos de Espartaco continuaron su marcha hacia el norte. En un último intento de detener a los esclavos, el gobernador de la provincia de la Galia Cisalpina, Craso Longino, junto a sus 10.000 legionarios encargados de defender la frontera, entabló batalla contra el ejército de esclavos a las afueras de la ciudad de Mutina (actual Módena). Una vez más, Espartaco y sus hombres salieron victoriosos y el camino hacía los Alpes, y la Libertad, quedaba libre de enemigos.

Sin embargo en estos momentos sucede el episodio más extraño de toda esta historia, en vez de seguir adelante y cruzar los Alpes, el ejercito de esclavos dio media vuelta y se encaminó hacia Roma, causando verdadero pánico en sus habitantes, aunque sin poder acercarse o tomarla, ya que los esclavos carecían de máquinas de asedio y la ciudad estaba fuertemente amurallada. Tras este episodio, el ejército de esclavos se dirigió hacia el sur de Italia para pasar allí el invierno.

¿Por qué dio la vuelta Espartaco? Esa es la gran pregunta y solo podemos usar teorías para justificar decisión. Lo más lógico sería pensar que el cúmulo de victorias sobre los romanos hubieran generado tal sentimiento de euforia entre los esclavos, que pasaron a creerse invencibles y decidieron castigar a los romanos atacando la mismísima Roma. Ante esta situación, a Espartaco no le habría quedado más remedio que cumplir los deseos de sus hombres o perder el liderazgo sobre ellos. Por otro lado, es comprensible que los esclavos victoriosos tuvieran miedo de cruzar los Alpes y dispersarse en busca de una nueva vida en libertad, perdiendo con ello la confianza y la seguridad que otorga el grupo a los individuos. Sea como fuera, solo Espartaco sabe porque dieron la vuelta y el resto son conjeturas a posteriori. Nunca sabremos la verdad.

Obviamente, la noticia de que el ejército de esclavos había dado medía vuelta y se acercaba a sus puertas causó verdadero terror en Roma. Esta vez, el Senado decidió acabar con la amenaza de una forma definitiva y para ello recurrió a uno de los nobles más ricos de la ciudad: Marco Licinio Craso. Sin escatimar en gastos, Craso usó su propio dinero para reclutar y equipar 6 legiones nuevas, que unidas a las 4 que habían comandado los cónsules, le daba un total de 10 legiones, una fuerza verdaderamente temible.

Craso decidió detener al ejército esclavo en la región del Piceno, la mayor parte de sus tropas se pondría a la defensiva para evitar el avance enemigo mientras que su legado (lugarteniente) Mummio flanqueaba a los esclavos con dos legiones. Sin embargo, Mummio decidió atacar por su cuenta al ejército esclavo y fue completamente derrotado. Para mayor vergüenza, gran parte de sus legionarios acabaron tirando sus armas y huyendo a la carrera. Ante esta derrota, Craso decidió restablecer a toda costa la disciplina entre sus tropas, usando para ello el tradicional castigo que se aplicaba a los cobardes y desertores: la decimatio. Es decir, a los que huyeron ante sus enemigos los diezmó: condenó a muerte a uno de cada diez. Como todos eran culpables, se echaba a suertes entre cada grupo de diez elegidos a quien le tocaría morir y, además, la sentencia la ejecutaban los nueve que se habían librado de la muerte. En resumen, Craso aplicó un durísimo castigo pero que fue muy efectivo, nunca más volverían a huir sus soldados del campo de batalla.

Tras escapar de Craso, Espartaco y sus hombres se instalaron en el extremo sur de la península italiana (actual Calabria), muy cerca del estrecho de Mesina. Estando allí, Espartaco contactó con los piratas de Cilicia, quienes prometieron transportar a los esclavos a Sicilia. Una vez más, el genio estratégico de Espartaco se pone de relieve: si el ejército esclavo conseguía desembarcar en Sicilia podría conquistarla fácilmente y convertirla en su nueva patria. Una tierra fácilmente defendible de los romanos, dado el gran ejército que poseía Espartaco en aquellos momentos (algunas fuentes hablan de casi 120.000 hombres).

Ante esta nueva amenaza, Craso reaccionó de dos maneras: usó su fortuna para sobornar a los piratas cilicios y evitar así que embarcaran al ejercito esclavo hacia Sicilia y, por otro lado, construyó una empalizada con foso que abarcaba un enorme terreno de lado a lado del mar (unos 52 km), para encerrar a los esclavos en la zona que ocupaban e impedir su avance hacia el norte en busca de provisiones.

Aunque la fortificación de Craso era impresionante, los hombres que la defendían estaban bastante dispersos y tras varios y costosos asaltos, gran parte del ejército de Espartaco consiguió abrirse paso y avanzar hacia Lucania. Este último revés no sentó nada bien en el Senado, que tachó a Craso de incompetente y demasiado defensivo. Por suerte para los romanos, la guerra de Hispania había concluido y el competente general Cneo Pompeyo Magno estaba de regreso, junto con sus legiones de veteranos. Además, el Senado ordenó a Marco Terencio Varrón Lúculo, procónsul (gobernador) de Macedonia, que acudiera por mar con sus legiones para ayudar a derrotar al ejército de Espartaco. La idea de los romanos era atrapar a los esclavos rebeldes entre sus tres ejércitos: Craso, Pompeyo y Lúculo, que en total sumaban más de 20 legiones, y aplastarlos definitivamente.

Para desgracia de Espartaco y su causa se produjo una nueva disensión en sus filas, justo en el momento en que era más importante estar unidos. Un contingente de 30.000 ex-esclavos galos y germanos, al mando del ex-gladiador Gannicus decidió hacer la guerra por su cuenta y tras separarse de Espartaco decidieron atacar a los romanos, siendo totalmente aniquilados por las legiones de Craso en las inmediaciones del Monte Soprano.

Espartaco con los 80.000 hombres (más o menos) que le quedaban se dirigió hacia Bríndisi con intención de cruzar el mar Adriático y desembarcar en Grecia o Iliria. Obviamente, para llevar a cabo este plan necesitaría una flota y no la tenía. Personalmente pienso que Espartaco había vuelto a ser engañado por los piratas cilicios, los cuales le prometieron embarcar a sus hombres para dejarle luego en la estacada. Este engaño es bastante verosímil ya que cuando Espartaco llegó a Bríndisi se encontró una flota esperándole, pero no era la flota pirata sino la flota de Lúculo, que había desembarcado en Bríndisi con sus legionarios. Los cilicios habían vendido a Espartaco, o la suerte le era esquiva, el caso es que la trampa romana se cerraba cada vez más sobre los esclavos. Tras retroceder de nuevo, el ejército esclavo se encaminó hacía Apulia, lugar en el que en Espartaco libraría su última batalla. Corría el año 71 a.C y la rebelión de los esclavos, también conocida como Tercera Guerra Servil (73-71 a.C), llegaba a su fin.

Esta última batalla de los esclavos, denominada “Batalla del Río Silario” por disputarse en una llanura cruzada por dicho río, nació del desesperado intento de Espartaco de derrotar a Craso antes de que éste pudiera unir sus fuerzas con Pompeyo. Si Espartaco hubiera vencido podría haber tenido un tiempo de respiro, pero al final el resultado habría sido el mismo. No se podía ganar una guerra de desgaste contra Roma sin tener recursos similares o superiores, la única opción era escapar o morir. Sin medios para salir de Italia, Espartaco y los suyos decidieron morir como hombres libres.

La batalla del río Silario fue una autentica carnicería, la superioridad táctica de los romanos en campo abierto decidió la batalla y los esclavos fueron masacrados. Espartaco, herido en una pierna en los primeros compases de la batalla, trato arduamente de llegar hasta Craso para intentar matar al general romano antes de morir, pero no lo logró y finalmente cayó muerto (se cuenta que antes de morir llego a combatir de rodillas al no poder sostenerse ya en pie por sus heridas). La caída de su líder desmoralizó a los esclavos y, tras esto, la victoria romana fue bastante fácil.

Cerca de 60.000 esclavos murieron en la batalla, por tan solo 1.000 bajas de los romanos. Otros 6.000 esclavos cayeron prisioneros y Craso, decidió dar con ellos un escarmiento y una advertencia a todos los esclavos que en el futuro pensaran fugarse: todos los prisioneros fueron crucificados a lo largo Vía Appia, entre Capua y Roma. Los aproximadamente 5.000 esclavos que lograron huir de la batalla se dirigieron hacia el norte con la idea de escapar hacia los Alpes. Pero, para su desgracia, se toparon con las legiones de Pompeyo y fueron aniquilados también.

La leyenda (y el cine) dice que un puñado de esclavos, entre ellos la mujer de Espartaco; Varinia, y su hijo consiguieron escapar a la Galia Transalpina y vivir en libertad. Personalmente creo que es harto difícil que lo lograran, teniendo en cuenta la determinación que ponían los romanos en borrar a sus enemigos de la faz de la tierra.

El fin de la rebelión dejaba a la Italia romana devastada por la guerra, más de 100.000 esclavos habían muerto, lo que afectó enormemente al sistema de producción y a la economía romana. Como solución a este problema de falta de mano de obra esclava los romanos recurrieron a la medida que más esclavos podía aportarles en menor tiempo y a menor coste: nuevas guerras de conquista (por ejemplo la Guerra de las Galias, iniciada 13 años después, que aportaría a Roma casi un millón de esclavos).

El fin de la esclavitud llegaría con la crisis del imperio romano y la aparición del cristianismo. El fin de la civilización antigua y la llegada de la Edad Media fue también la llegada de un nuevo sistema económico y el fin transitorio de la esclavitud. Fenómeno que volverá a aparecer en los siglos XVII-XVIII con los esclavos africanos esclavizados para trabajar en las colonias de América.

Pese a su trágico final, Espartaco se convirtió en una leyenda y en un ejemplo que perdura aun en nuestros días, más de 2000 años después. Espartaco demostró que unos pocos pueden conseguir grandes cosas mientras tengan la determinación y la fuerza de conseguir oponerse a sus opresores y luchar por la propiedad más valiosa del ser humano: la Libertad.

Fuentes: “Spartacus and the slave war, 73-71 BC”, de Nic Fields y publicado por Osprey.

Esta publicación es propiedad de: https://senderosdelahistoria.wordpress.com/2013/05/10/espartaco-113ac-71ac/

3 Comments

  • Exacto, Anibal Pedro. Sin embargo es de anotar con énfasis, que el emperador Constantino I “el grande”, no era romano. Por lo tanto, aunque se considera que Constantino I pretendió desmontar el imperio romano, cortando de tajo la cabeza principal de la bestia, lo que hizo fue disfrazar a la iglesia judía (credo oficial del imperio romano de los césares), para cambiarle el nombre. La bestia, pues, mencionada en el Apocalipsis 13, 1-10 sigue siendo la iglesia judía, y su “hijo de Zeus” estaba representada por el César. Es a este monarca al que se representa colgado del crucifijo, y no a Jesús, como lo sugiere el concilio de Nicea. Si nos damos una repasada por el Capítulo 12, 1-16 y continuamos hasta el 13, 1-18 del Apocalipsis, nos damos cuenta que se hace alusión de manera paradójica a la biografía del emperador bizantino… Y que la virgen de Sión de quien se dice estaba encinta sobre la Media Luna (Fértil), es la iglesia judía, representada por Helena de Constantinopla, esposa de Constancio Cloro. A esta mujer se le fue arrebatado su hijo desde el mismo momento en que nació, por la élite de la Iglesia Judía, para ser educado dentro de la cúpula del imperio romano, y hacer de él el títere perfecto, que convencido de ser una reencarnación del apóstol Pedro, le cortara la cabeza principal a la bestia de siete cabezas (El dragón de siete cabezas es un candelabro de bronce, con siete cabezas de las que salen siete llamas). Así pues, se terminaría el Imperio Romano para siempre, pero revivió encarnado en el nuevo Imperio Bizantino, cuyo monarca trató con mano de hierro a todas las naciones.

  • Anibal Pedro dice:

    La libertad es parte inherente del ser humano. Con la llegada de Cristo, con su mensaje de Justicia e Igualdad, ocasionó desconcierto a la sociedad esclavista romana ahondando la crisis después de la rebelión de Espartaco, por lo que estos hábilmente tramaron y cambiaron el mensaje de Cristo, primero con Pablo quien azuzó al pueblo para condenar a muerte a Cristo el día en que este fue presentado el día de fiesta de pascua, y posteriormente con la tergiversación del mensaje de Cristo, trescientos años después con la creación de la Iglesia Católica por el emperador Romano Constantino amparado en las enseñanza de Pablo y que en la actualidad sigue en vigencia la esclavitud asalariada impuesta por el Imperio Burgués.

  • Si ESPARTACO hubiese destruido el Imperio Romano para siempre, no existiría la Iglesia Católica…!!!

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