¿Dónde se decidió qué evangelio era permitido que leyeses y cuál no?

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  • 13 septiembre, 2017

La dogmática de la Iglesia Católica está basada en la interpretación de cuatro evangelios, considerados como oficiales por el Vaticano, son los textos de Juan, Marcos, Mateo y Lucas, los cuales ocupan cerca de cien páginas. Pero existen cincuenta evangelios en total, unas 4.000 páginas, que nos hablan de otras facetas de la figura de Jesús, y a los que no se les concede la misma importancia y credibilidad que a los cuatro preferentes. ¿Por qué unos valen y otros no?

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Entre los siglos II y III, las historias y relatos sobre la figura de Jesús eran muy abundantes entre los fieles a la nueva religión. En ellos se abordaban muchas partes de la vida del mesías que han sido veladas (o ignoradas en el mejor de los casos), como su relación sentimental y carnal con María Magdalena o sus implicaciones en la política de la época, luchando a favor de la independencia de su pueblo, e incluso encontramos a un Jesús versado en las tradiciones esotéricas de la época.

En este contexto, tenemos a la emergente Iglesia a la cabeza del movimiento cristiano. Los entonces dirigentes de la Iglesia decidieron celebrar el Concilio de Nicea, en el año 325, con la supuesta intención de separar los textos “inspirados” (canónicos) de los “no inspirados” (apócrifos). En realidad se trataba simplemente de seleccionar los que más se adaptasen a las necesidades de la Iglesia, para poder mantener el control ideológico sobre los fieles.

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En cuanto al modo de selección de los evangelios, existen varias versiones de como pudo producirse, algunas más creíbles que otras:-En primer lugar, se cuenta que los obispos pusieron sobre un altar los 50 textos y rogaron a Dios que les mostrase mediante una señal, cuales de aquellos textos eran los válidos. Tras unos segundos, 46 de los textos cayeron al suelo, quedando sobre el altar los cuatro evangelios canónicos.Resultado de imagen de jesus y maria magdalena

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-Otra versión nos habla de una paloma que entró en la sala del concilio, a través de un cristal pero sin dañarlo siquiera, y que fue posándose sobre los hombros de los presentes para decirles al oído cuales eran los textos acertados.

-Una tercera historia (la más creíble) nos cuenta que los cuatro textos (los reconocidos) fueron colocados sobre un altar, y le fue pedido a Dios que les dijera si alguno de aquellos libros era contrario a su voluntad, al no producirse señal alguna, los cuatro fueron dados por válidos desde el principio.

Debido a esta selección de textos, los cristianos han tenido una visión parcial, muy fragmentada, de la vida, personalidad, sentimientos y aspiraciones de Jesús de Nazaret. Curiosamente, si todos los evangelios fueran tomados en cuenta, el mismo concepto de Iglesia carecería de sentido, así como la existencia del Vaticano, ya que Jesús nos enseñó a buscar a Dios en el interior de cada uno de nosotros.



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Sólo en 4 de los 50 evangelios se nos dice que Jesús quisiera fundar una iglesia. ¿Adivinan cuales son?

¿Qué son los evangelios apócrifos?

Los evangelios apócrifos o extracanónicos son los escritos surgidos en los primeros siglos del cristianismo en torno a la figura de Jesús de Nazaret que no fueron incluidos ni aceptados en el canon del Tanaj judío hebreo-arameo, de la Biblia israelita Septuaginta griega, así como tampoco de ninguna de las distintas Biblias usadas por distintos grupos de cristianos como la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa, Comunión anglicana e Iglesias protestantes. Entre esos escritos se encuentran los Manuscritos de Nag Hammadi.

El término apócrifo (griego: από ‘lejos’, κρυφος ‘oculto’; latín: apócryphus), que originalmente significaba “ocultar lejos”, y luego fue derivando en “oculto, obscuro”, ha sido utilizado a través de los tiempos para hacer referencia a algunas colecciones de textos y de escritos religiosos sagrados surgidos y emanados en contextos judíos o cristianos. Con él se califican una cantidad de libros que las Iglesias cristianas de los primeros siglos no reconocieron como parte de la Sagrada Escritura, pero que se presentan con nombres o características que los hacen aparecer como si fueran libros canónicos.

Cuestión distinta es la de si un determinado escrito, forma o no parte de la Biblia, de si se considera o no un libro inspirado. Cuando un determinado escrito o libro merece ser considerado como formando parte de la Biblia, se dice que es “canónico”. El canon consiste en un elenco de los escritos bíblicos. Católicos, cristianos no católicos y judíos tienen distintos cánones. Cuando el carácter canónico de un escrito es reconocido tardíamente se dice que es “deuterocanónico”. En ocasiones un libro puede ser simultáneamente apócrifo y no canónico. Tal sucede con el Evangelio de Santo Tomás. Ni Santo Tomás es realmente su autor, ni se considera que forme parte de la biblia. Cuestiones distintas son las de si El Libro de la Sabiduría fue o no escrito por Salomón y la de si forma o no forma parte de la Biblia.

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