Por qué no debes odiar a los Romanos.

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  • 27 mayo, 2019

Antes de la información, aprovechamos la ocasión para presentaros nuestro libro, el cual nos ha costado mucho tiempo de recopilación, trabajo e investigación, donde creemos que una vez termine de leer será usted consciente de la manipulación a la que ha sido expuesto el «Nuevo Testamento» por la religión Católica, y cómo ha eliminado y modificado radicalmente partes de este pues rompe con sus dogmas que nada tienen que ver con las verdaderas enseñanzas de Jesús.

¿Nació Jesús el 25 de diciembre?¿Fue Nazaret el lugar donde lo hizo?¿Era José su Padre realmente?¿Pudo ser su origen de otro mundo?¿Era un hombre normal y para nada divino?¿Tenía hermanos, mujer e hijos?¿Donde está sus descendencia?¿Lo apodaron el «niño asesino» cuando era pequeño?¿Es la religión católica una invención del emperador Constantino?¿Es Jesús una invención para manipular al pueblo?

El equipo de «Un Surco En La Sombra» responde a estas y muchas más incógnitas en un largo estudio que recopila teorías realmente diferentes a todo lo que se ha dicho públicamente de la vida de Jesús a lo largo de la historia. Nos sentimos orgullosos del trabajo realizado y poder dar la oportunidad de ver la otra cara de la moneda.

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Una vez dicho esto le damos las gracias por su tiempo y le mostramos la información que buscaba. Estamos seguros que será de su agrado y le hará que pensar

Por: Jesús García Barcala

No odio a los romanos. En realidad, no conozco a nadie que los odie. Llevo décadas estudiando la historia universal, y nunca me he topado con nadie que les caigan mal.

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Mi afición por la historia empezó cuando leí un artículo sobre la persecución y hundimiento del Bismarck, lo que me llevó a investigar sobre dos nombres que se repetían mucho en dicho texto: un tal Churchill y un tal Hitler. Ya de adolescente, me aficioné por estudiar a los romanos. Sería ya de adulto que pensé en que los legionarios a las órdenes de Escipión invadieron y conquistaron España.

Por qué no odio a los romanos

Tres razones puedo listar para indicar mi falta de resquemor:

  1. Los romanos no se van a enterar de que los odio, y a los italianos no les va a importar.
  2. No todo lo que hicieron fue malo, algunas cosas dejaron que son de agradecer.
  3. Son mis ancestros, mi cultura es heredera de la suya. Odiarlos sería como odiar a mis abuelos.
  4. No hicieron nada que no hicieran otras civilizaciones de la antigüedad.

Odiar es inútil

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Para empezar, eso de odiar es una soberana pérdida de tiempo. Cuando odiamos, el objeto de nuestra ira ni se entera, y si se entera no le importa. A los únicos que afecta nuestro odio es a nosotros mismos. Nos llena de rabia, de resentimiento, nos aleja de las cosas buenas de la vida, la calma y la diversión.

No obstante, hay gente que vive del odio, de la envidia. Peor aún, hay gente que vive inundado de odio por cosas y personas que vivieron y murieron hace mucho, pero mucho tiempo. Una cosa es estudiar la historia y criticar los comportamientos de los seres más perversos, y otra es vivir como si estos siguieran vivos, aún luchando contra ellos.

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¿Que los romanos masacraron a millones de personas? Es verdad, pero eso fue hace tanto tiempo que no veo la razón para odiarlos. Así se movía el mundo en aquel entonces. En todo caso, puedo criticar a sus líderes políticos y militares, y lo hago. Fueron ellos los que tomaron las decisiones. Los soldados sólo obedecían órdenes.

Por cierto, mucho menos voy a odiar a sus descendientes. Primero, porque ellos no tuvieron nada que ver y, segundo, porque yo soy uno de ellos.

Lo bueno que nos dejaron

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Siempre es bueno recordar esa mítica escena de la Vida de Brian, en la que los palestinos independentistas se preguntan, ¿qué han hecho por nosotros los romanos? Como español, como europeo, como ciudadano del mundo occidental, no sabría por dónde empezar. Bueno. Sí, por las ciudades.

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¿Podría yo odiar a los romanos y al mismo tiempo admirar Mérida? ¿podría criticar a los romanos y sentirme orgulloso de Complutum? ¿Tendría sentido que yo llamara genocidas a los hijos del César y a la vez presumir del acueducto de Segovia? Pues no, sería una hipocresía.

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Y qué hay de los caminos, y de los puentes. Yo no puedo echar pestes de aquellos que dotaron a Europa de la mejor red de comunicaciones en milenios. ¿Y el aceite? España es el mayor productor mundial del aceite de oliva, por mucho, y eso se lo debemos a los romanos.

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Es verdad que los romanos se cobraron muy bien con el oro de Las Médulas, pero, ¿era mío ese oro? Pues no, en aquel entonces era de los romanos, pues era territorio romano. ¿Voy a ir yo a Italia a llorar para que me devuelvan el oro? No, sería ridículo, y nadie me haría caso.

Imagina entonces si no sería hipócrita de mi parte criticar a los romanos utilizando una lengua heredera del latín. No, no podría, me sentiría estúpido, tanto como aquellos que se quejan del capitalismo desde un iPhone o un iPad.

No podría odiar a mis abuelosImagen relacionada

Mis dos abuelos participaron en la Guerra Civil, uno como político en Madrid y el otro como soldado reclutado. El primero no estaría muy contento de que mis ideas políticas no concuerden con las suyas. Lo mismo que yo no estoy de acuerdo con sus postulados. Que uno pudo haber hecho algo malo durante a guerra, es posible, lo ignoro. Ya habrá pagado su deuda. Pero yo no voy a odiar a mis abuelos.

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Tampoco voy a odiar a los romanos, pues lo más probable es que sea yo descendiente de algún legionario llegado a tierras hispanas hace dos milenios, o de más de uno. Genéticamente, estoy más relacionado con los romanos que con los vikingos o con los eslavos. Culturalmente ni se diga. Que alguno de mis ancestros clavó la espada a más de uno durante la Guerra de las Galias, no es cosa mía. Es historia. Que tire la primera piedra aquel que pueda asegurar que sus antepasados jamás masacraron a nadie.

Todos somos humanos

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Esa es la cuestión. Todos somos descendientes de los mismos hombres y de las mismas mujeres. En el pasado los humanos cometieron muchos errores. Podemos y debemos criticarlos por ello, pero eso de llamarlos genocidas cuando murieron hace cinco o veinte siglos es simplemente ridículo.

Recordar es bueno, estudiar el pasado, una de mis asignaturas favoritas. Querer revivir tiempos lejanos para reiniciar el rencor o simplemente para hacerme la víctima no es lo mío. Tampoco voy a culpar a los romanos de todos los males que aquejan a España, como si no hubiésemos estado sin ellos ya bastantes años.

No odio a los romanos ni los voy a odiar. Ya son historia, ya están muertos. Que descansen en paz.

Este articulo es propiedad de:cienciahistorica.com

One Comment

  • Perfecto…!!! Sólo falta admitir que la encarnación y la reencarnación y la transmigración metempsicosis son sinónimos inherentes. Todos somos uno mismo… Cada uno es, ha sido y será todo lo que todo es ahora. Cuando soñamos dormidos o despiertos, estamos transmigrando a través de nuestra memoria y los recuerdos inconscientes van y vienen de todos los tiempos… Ayer, fui lo que algún día más adelante seré, y asimismo soy lo que algún día más atrás fuera. De manera que, como oró Jesús y dijo, así es:
    -«Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
    para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
    La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.
    Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
    Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
    Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.
    Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.» – san Juan 17: 20-26.

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