¿Vió y describió EZEQUIEL una NAVE EXTRATERRESTRE?

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  • 11 Agosto, 2017

Si los autores del Antiguo Testamento merecen crédito, los terribles acontecimientos a que acabamos de aludir debieron desarrollarse en el año 592 antes de nuestra era, y nos han sido transmitidos por el profeta Ezequiel. (¡Este fragmento ha llegado a ser una verdadera joya entre mis pruebas documentales!) Su libro comienza así:

 
<Sucedió en el año 30, a cinco del cuarto mes, que, cuando yo me encontraba entre los exiliados a orillas del río Kebar, se abrieron los cielos… Y vi cómo un viento huracanado venia del norte, y una gran nube rodeada de rayos resplandecientes y de un fuego continuo, y en medio de éste relampagueaba un metal brillante. En su centro aparecían figuras como de cuatro seres vivientes; se asemejaban a hombres. Y cada uno tenía cuatro caras, y cada uno también cuatro alas. Sus piernas eran rectas, y las plantas de sus pies eran como las de un ternero, y resplandecían como bronce bruñido… Y entre estos seres aparecían como brasas de fuego ardiente, se veían como unas antorchas moviéndose entre ellos de un lado a otro, y el fuego resplandecía, y de él salían relámpagos…

Luego vi en el suelo, junto a cada uno de los cuatro seres, una rueda. El aspecto de las ruedas era semejante al del crisolito, y las cuatro ruedas tenían la misma forma. Podían avanzar en las cuatro direcciones, sin virar al hacerlo. Y vi que tenían llantas, y que sus llantas estaban llenas de ojos todo alrededor en las cuatro ruedas. Y cuando los seres animados se movían, movíanse también las ruedas junto a ellos, y cuando los seres se elevaban sobre la tierra, ascendían al mismo tiempo las ruedas…

Y al andar los seres, percibía yo el rumor de sus alas semejante al rugido de una gran masa de agua o a la voz del Todopoderoso; era como el tumulto de un ejército acampado. Y he aquí que por encima del techo plano que había sobre sus cabezas apareció una piedra como de zafiro con una especie de trono sobre ella; y en esta especie de trono podía verse lo que parecía ser una figura de hombre…> (p.39)

De este texto de Ezequiel ofrecí yo hace cinco años una interpretación técnica y por tanto, según creo, realista: Ezequiel vio y describió una astronave con su tripulación.[Muchos se burlan de la interpretación de la nave de extraterrestres]

Las burlas arreciaron. No perdí por ello el ánimo, y más adelante, en [el libro de Däniken en alemán] “Zurück zu den Sternen” (Regreso a las estrellas), “apuntalé” esta explosiva versión con nuevas citas de los libros proféticos. De la mofa se pasó al ataque. A las embestidas provenientes del sector religioso se juntaron las de no pocos periodistas que seguramente no sospechaban que eran otros quienes manejaban sus plumas.

El teólogo suizo profesor Othmar Keel, de la universidad de Friburgo [en Suiza], declaró en su libro “Zurück von den Sternen” (Regreso de las estrellas), que mis interpretaciones carecían por completo de fundamento y, asumiendo aires de superioridad muy propios de la “antigua escuela”, añadía que el mundo científico podía a lo más reservarles una sonrisa compasiva.

Con todo, los estudiosos del Antiguo Testamento distan mucho de coincidir unos con otros en la exégesis de los libros que hablan de apariciones con humo, temblores, fuego, truenos, relámpagos, tronos, etc.; sólo están de acuerdo en una cosa: rechazar de plano toda interpretación técnica. El profesor Keel afirma que tales “apariciones” son ideogramas, mientras que el profesor Lindborg las tiene por experiencias alucinatorias. El Dr. A. Guillaume ve en las teofanías descritas simples fenómenos de la naturaleza, y su colega el Dr. W. Beyerlein trata de interpretarlas como partes rituales del culto celebrado en ciertas festividades israelitas. Sólo el Dr. Fritz Dummermuth llega a conceder, en la [revista en alemán] “Zeitschrift der theologischen Fakultät Basel” (Revista de la Facultad teológica de Basilea), que

<… los relatos en cuestión difícilmente encajan, tras un análisis más profundo, con manifestaciones naturales de carácter meteorológico o volcánico”, y añade en seguida que “… legados a este punto de la investigación bíblica, sería ya el momento de intentar estudiar estos hechos desde nuevos puntos de vista.>
[Dios no necesita una nave]Aquí me atrevo yo a lanzar el guante dando un paso más y afirmando que dentro de poco la investigación bíblica tradicional nada tendrá ya que ver con la auténtica interpretación de los sucesos narrados por Ezequiel. El Antiguo Testamento, al igual que otros muchos “libros sagrados”, da cuenta también de numerosos acontecimientos que en realidad pertenecen al campo de la investigación técnica. Siempre y dondequiera que “Dios” o “los dioses” se manifiestan de modo real en un medio ambiente real, vemos que lo hacen con gran despliegue de fuego, humo, temblores, luz y estruendo. En cuanto a mí, no puedo imaginarme que el gran Dios omnipresente deba utilizar vehículo alguno para moverse. Dios es incomprensible (p.40),

infinito, eterno, todopoderoso y omnisciente. Dios es espíritu. Y Dios es bueno. ¿Por qué entonces habría de complacerse en aterrorizar a los seres que ama? ¿Por qué asustarlos con esas demostraciones de poder que nos describe el Antiguo Testamento? Y sobre todo: si Dios es omnisciente, bien sabía que las apariciones narradas en los textos serían un día interpretadas por las inocentes criaturas del siglo XX… ¡con su ciencia!. El Dios omnipotente es también infinito. No conoce ni el ayer, ni el hoy, ni el mañana. Me parece blasfemo suponer que ese Dios verdadero hubiera de esperar el éxito final de una operación iniciada por Él mismo o exponer ésta a malas interpretaciones. ESTE Dios tenía que saber cómo iban a ser explicados los textos en épocas lejanas, por ejemplo la nuestra. Y si tenemos a Dios por intangible o inaccesible, no nos es lícito entonces utilizarlo como pantalla o testigo principal en todas nuestras interpretaciones convencionales.

[Ezequiel vio una nave espacial]

Así pues, concluimos que el profeta Ezequiel vio y describió una nave espacial. Puesto que su comandante y tribulación hablaban la lengua del profeta – de otro modo éste no les habría entendido -, podemos lógicamente deducir que los extraños visitantes habían ya pasado mucho tiempo en observar a los habitantes de aquella región, aprender su idioma y estudiar sus costumbres. Sólo después de una concienzuda preparación se decidieron a entrar en contacto con Ezequiel. Las experiencias y manifestaciones de este tipo fueron repitiéndose, según se desprende de los relatos del Antiguo Testamento, a lo largo de más de veinte años.


Ezequiel fue un cronista notable. Le impresionaron entre otras cosas– el brillo del metal,
— el estrépito del vehículo,
— las extremidades móviles de la cápsula de aterrizaje,
— la incandescencia del reactor nuclear;la resplandeciente escafandra del comandante le parecía como de “bronce bruñido”, y comparaba las aspas de los helicópteros a “seres vivientes”; especialmente le sorprendía observar cómo las ruedas del aparato “… podían avanzar en las cuatro direcciones, sin virar durante la marcha”. A menudo intentó el profeta encontrar palabras adecuadas para describir el ruido que acompañaba a la “aparición”; al no poder imaginarse un estruendo mayor, recurrió a metáforas como “… el rugir de una gran masa de agua” o “… el tumulto de un ejército acampado”.



[Ezequiel no tenía alucinaciones]

Si Ezequiel hubiera sufrido alucinaciones, como dicen, no tenía por qué haberse molestado en buscar palabras e imágenes para describir un ruido que él mismo era incapaz de concebir. Según entiendo, las alucinaciones no suelen ir acompañadas de efectos sonoros ni perturban el medio ambiente. Sólo esta circunstancia bastaba para haber llamado la atención de los exegetas de la antigua escuela sobre la curiosa semejanza del relato con la descripción precisa de un fenómeno técnico:

<… cuando los seres (p.41)

animados se movían, movíanse también las ruedas junto a ellos, y cuando los seres se elevaban sobre la Tierra, tampoco las ruedas se apartaban de su lado. Cuando ellos se paraban, deteníanse ellas también, y cuando ellos se levantaban, se alzaban las ruedas con ellos…>

¿Un “milagro”? ¡Claro que no! Cuando un helicóptero se remonta por los aires, difícilmente se quedan las ruedas en el suelo.

Ya he dicho antes que considero mi interpretación del texto de Ezequiel como una joya dentro de mi colección de indicios documentales. El ingeniero Josef F. Blumrich, jefe del departamento de investigación de proyectos de la NASA en Huntsville, Alabama, titular de numerosas patentes de construcción de grandes cohetes y condecorado con la medalla de la NASA al mérito por “Servicios Excepcionales”, presentó en su libro “Y se abrieron los cielos” las pruebas con que, desde el punto de vista de la ingeniería, pretendía demostrar la existencia real de la nave contemplada por el profeta Ezequiel, respaldándolas con los más modernos datos técnicos. En el prólogo a la obra, cuya lectura no puede menos de cautivarnos por su exacto y sobrio análisis textual, confiesa Blumrich que su intención primera había sido la de rebatir mis afirmaciones en [el libro en alemán] “Erinnerungen an die Zukunft” (Recuerdos del futuro), pero que, tras un largo estudio del texto, acabó por aceptar la “derrota”, una derrota de la que se vio recompensado con creces, derrota fascinante y alentadora… (p.42)

reconstrucción moderna de la nave de Ezequiel

¡La nave de Ezequiel fue real![La NASA confirme que es posible esa nave]La quintaesencia de las investigaciones llevadas a cabo por el ingeniero de la NASA, Blumrich, viene a resumirse en las siguientes líneas [de texto]:
<Los datos obtenidos nos muestran un vehículo espacial no sólo absolutamente posible desde el punto de vista técnico, sino también inteligentemente adaptado a sus funciones y misión. Nos sorprende descubrir un nivel de conocimientos técnicos que no es en modo alguno fantástico; más bien, apurando las cosas al máximo, podríamos decir que casi se equipara a nuestras posibilidades actuales o, expresado de otra manera, que sólo es un poco superior a nuestra técnica de hoy. Los mismos datos nos dan a conocer además una nave vinculada a otra que le sirve de nodriza y que permanece en órbita alrededor de la Tierra mientras la primera desciende a nuestro planeta. ¡Lo único fantástico en todo esto es que semejante nave fuese ya una realidad palpable hace más de 2.500 años!>
La clave de la explicación del relato de Ezequiel reside, según Blumrich, en un detenido análisis de las partes y funciones de la (p.42)nave descritas por el profeta, efectuado a la luz de los conocimientos técnicos actuales en el terreno de la astronáutica. No pretende ni puedo yo recriminar a los exegetas del Antiguo Testamento por no entender de cálculos matemáticos o (re)construcciones, pero me rebelo contra el hecho de que, ignorando aposta los nuevos descubrimientos de la técnica, sigamos una y otra vez aferrándonos a los mismos viejos tópicos de siempre en nombre de una pretendida postura científica que esgrimimos como ULTIMA RATIO de nuestras conclusiones. Me parece del todo correcta la exigencia de Blumrich de que se consulte a ingenieros cuando se trata de construcciones o de figuras que se asemejan a construcciones. Dejemos que la ciencia se ocupe de las cuestiones tocantes a los límites de lo posible. Pero todo cuanto se encierra dentro de dichos límites pertenece a la esfera de acción del ingeniero, especialmente del constructor, porque a éste incumbe encontrar las formas de aplicación de las construcciones, aun las más avanzadas, así como también examinar a fondo y cumplir con las condiciones para su realización.
Ruedas de Ezequiel
Ruedas de Ezequiel
<Él es también, por lo tanto, quien mejor puede decidir, al contemplar una construcción, sobre sus posibles aplicaciones o fines.>
Ovnis con 4 piernas de Ezequiel
Escribe, pues, el ingeniero Blumrich lo siguiente:
<Del relato de Ezequiel puede deducirse el aspecto general de la nave por él descrita. Luego, en calidad de ingeniero y con total independencia de la narración, podemos planear y reconstruir un aparato volante de características similares. Una vez convencidos de que el resultado no sólo es técnicamente posible, sino que incluso se trata de algo sumamente práctico y perfectamente concebido en todos sus aspectos, y después de comparar nuestros datos con los detalles y fenómenos descritos por Ezequiel, comprobando que éstos coinciden con aquéllos sin que exista la menor contradicción, entonces no es posible hablar ya únicamente de indicios. He llegado, por ejemplo, a la conclusión de que las dimensiones de la nave espacial de Ezequiel son absolutamente verosímiles.>
[Los datos de la nave espacial descrito por Ezequiel]Veamos ahora cuáles son las medidas del vehículo espacial descrito por Ezequiel:


Impulso específico: Isp = 2.080 sec
Peso del aparato: W0 = 63.300 kg
Combustible para el regreso: W9 = 36.700 kg
Diámetro del rotor: Dr = 18 m
Potencia del rotor al máximo rendimiento: N = 70.000 PS
Diámetro de la estructura principal: D = 18 m. (p.43).

Fuente: http://www.hist-chron.com/Daeniken/ESP/mensaje-de-los-dioses/08-tiempo-y-edades.html

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