En el centro de la celebración cristiana anual de las Navidades, más concretamente entre los creyentes de la fe Católica, se encuentra el relato sagrado del nacimiento virginal de Jesús. En los evangelios de San Mateo y San Lucas se describe a María como una virgen que concibió milagrosamente a su hijo gracias a la intervención del Espíritu Santo.

Estudiosos de la Biblia y teólogos han discutido, debatido e incluso polemizado durante largo tiempo sobre el nacimiento virginal de Jesús, argumentando algunos de ellos que no es imperativo ligarlo con la doctrina de la Encarnación.

Otro argumento que contradice los puntos de vista de las narraciones de Mateo y Lucas es el silencio acerca de este hecho tanto en Marcos como en Juan, así como otros textos cristianos como las epístolas de Pablo.

Filósofos como Michael Martin van más allá y afirman que el nacimiento virginal no se menciona en ninguna otra fuente judía ni “pagana”. Por supuesto, no es habitual que los historiadores presten una atención injustificada a un relato de una fuente concreta si no aparece en las demás.

Por otro lado, las “pruebas” escritas de la Antigüedad son particularmente endebles, y se encuentran invariablemente sujetas a análisis contrastados y encendidos debates.

Son de gran interés en relación con la exégesis bíblica de esta misteriosa, sagrada y profunda tradición cristiana las muchas versiones que se corresponden con ella en otras antiguas leyendas.

¿Por qué son importantes estos relatos similares al del milagroso embarazo de María? ¿Extienden el debate bíblico sobre el nacimiento virginal de Jesús al incluirlo en una tradición religiosa más amplia? ¿Nos llevan a preguntarnos por qué dichas narraciones se originaron en primer lugar?

Inseminaciones divinas en las mitologías griega y romana

Consideremos los diversos mitos de la antigua Grecia que describen inseminaciones de origen sobrenatural. El héroe griego Perseo nació de una madre mortal, Dánae, que fue fecundada por Zeus bajo la forma de una lluvia de oro.

Dánae y la Lluvia de Oro. Léon Comerre/Wikimedia Commons

Zeus adoptó otras apariencias para extender su paternidad, como ilustran las historias de  Europa y el Toro y Leda y el Cisne.

Leda y el Cisne. Jean-Baptiste Marie Pierre (Public Domain)

Los romanos contaban con narraciones sagradas similares. La madre de Rómulo y Remo, Rea Silvia, una virgen vestal, fue fecundada por Marte. Y como ejemplo a la inversa en cuanto al género, se dice que Venus concibió a su hijo Eneas al tener relaciones con el príncipe troyano Anquises.

Aunque este último mito tiene raíces griegas, el relato del nacimiento de Rómulo y Remo es intrínsecamente romano, e ilustrativo por tanto de cómo los mitos griegos sobre nacimientos milagrosos continuaron bajo un nuevo contexto cultural.

Estas tradiciones paralelas procedentes de las denominadas culturas “paganas” son rechazadas a menudo por aquellos cristianos que se adhieren a un literalismo bíblico, y que hacen hincapié en estos casos en las diferencias entre unos mitos y otros en lugar de en sus similitudes.

La importancia de la virginidad en las antiguas leyendas

En este sentido, resulta importante el hecho de que María concibiera a su hijo sin perder su virginidad, ya que los mitos griegos y romanos no prestan atención a la condición, intacta o no, de los hímenes de las madres milagrosas. Pero, al igual que aquellos que reconocen el hecho sagrado de la concepción de Jesús por una virgen, los antiguos griegos y romanos también tenían en consideración la importancia de la inseminación divina de un cuerpo puro.

Por lo tanto, para un héroe como Perseo, o para los padres fundadores de la patria romana, Rómulo y Remo, su valor y significado van ligados de forma inevitable a la pureza de sus madres terrenales, tanto como a la divinidad de sus padres celestiales.

Las vidas milagrosas de los nacidos de un dios

Sus significativas y sagradas concepciones definen a estos héroes como semi-divinos y extraordinarios. No parece sorprendente, por tanto, que sus nacimientos sean a menudo profetizados y al igual que Jesús, estén marcados como seres decididamente diferentes, siendo sus vidas algo fuera de lo común. En ocasiones los relatos incluyen también elementos de hechos milagrosos acaecidos tras su muerte.

Perseo fue enviado para cumplir la tarea aparentemente imposible de conseguir la cabeza de Medusa, rescató a la heroína Andrómeda de un fiero monstruo marino por el camino, y tras su muerte fue inmortalizado entre las estrellas como una constelación en el cielo del hemisferio norte.

Según el historiador romano Livio, Rómulo no murió, sino que más bien desapareció. Cuando se encontraba pasando revista a su ejército cierto día, se desató una tormenta y entre rayos, truenos y espesas nubes, experimentó la apoteosis y se unió a los dioses.

Este tipo de relatos, en los que hay predicciones, concepciones milagrosas, hechos extraordinarios y finalmente apoteosis, van más allá del marco geográfico del Oriente Medio y el Mediterráneo Clásico.

El divino Krishna en un fresco del siglo XVI, Palacio de la Ciudad, Udaipur, Panel 101. Wikimedia Commons

El divino Krishna en un fresco del siglo XVI, Palacio de la Ciudad, Udaipur, Panel 101. Wikimedia Commons

La milagrosa concepción de Krishna

Así como Jesús nació en un humilde pesebre y Rómulo y Remo fueron criados por una loba, la deidad hindú Krishna nació en prisión, en una celda. Pero las similitudes entre Krishna y Jesús van más allá.

En la historia de Krishna tiene lugar también la concepción virginal de una mujer mortal, Devaki, que fue “fecundada” por Vishnu al descender el dios hasta su vientre y “nacer” como su hijo, Krishna.

Estos pocos ejemplos de concepciones milagrosas, con nacimientos virginales en ocasiones, y las similitudes que se observan en los acontecimientos de la vida de estos hijos de diferentes dioses tienen sin duda su importancia para el relato de la Navidad: al igual que las leyendas sagradas, mitos, e historias de fundaciones con las que se confrontan, resultan inevitablemente polémicas por las numerosas semejanzas que presentan con la concepción virginal de María.

Un bello misterio

Todos estos relatos nos invitan a considerar el milagro de la Navidad dentro del contexto de la antigüedad, concretamente el viejo recurso de expresar conceptos trascendentales mediante narraciones simbólicas. Cuando consideramos la profunda noción de la divinidad, su esencia fenomenológica, la forma en que aparentemente desafía a la lógica y la inexplicable naturaleza de su origen, narraciones sagradas como la del nacimiento virginal de Jesús en el Nuevo Testamento podrían interpretarse como tentativas de comunicar un bello misterio a las gentes de la Antigüedad.

Si dichos relatos aún sirven en la actualidad para fortalecer la fe de los creyentes e incluso ofrecerles respuestas es algo que aún se debate a día de hoy.

Imagen de portada: La Anunciación de Fra Angelico (Public Domain)

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